3 febrero, 2026
¿Qué carrizo es la economía digital?

¿Cuántas veces uno se enfrasca en una discusión acalorada que no llega a nada, salvo calentarse a tal punto que amenaza la relación social? Es como si se tratase de un diálogo de sordos. Allí es donde los humanos se delatan como seres simbólicos, con subjetividades, donde las palabras, no solo tienen significantes y significado que varían con los usos y los sujetos que las emplean, sino que cambian de sentido en el contexto y en la situación en la que se esté; no somos máquinas intercambiando y procesando códigos empaquetados que solo se pueden interpretar de una manera: como orden o como datos. 

Esta condición se puede apreciar mejor cuando usted pregunta qué opinan, con relación a lo que posteo o escribió en estos espacios públicos o privados en internet, a dos personas distintas para contrastar: una,  la que le conoce de años y con las que viene compartiendo conversaciones, reflexiones y debates, cercana, conocida no solo de tú a tú sino presencial y afectuosamente, ya sea como amigo, familia o pareja; la otra, la conoció en el grupo recientemente por sus escritos y reflexiones, a veces con puntos de encuentros o desencuentros, que interactúan con un comentario o con simples emoticones. Las opiniones difieren enormemente, allí emerge el sujeto, en aspectos como  la convivencia en común, los prejuicios, estereotipos, proyecciones, creencias, cultura, historia, nivel socioeconómico, contexto y situaciones vividas y experimentadas, conjeturas y especulaciones; es lo que se lee entre líneas, dirán unos, se trata de la libertad de interpretación que todos tenemos, allí comienza la confusión.

Este fenómeno  psicosocial y semiótico, a juicio de quien suscribe,  es más común cuando se emplean en la conversación expresiones que se han hecho populares de tanto escucharlas en propagandas, en discursos, en agendas de temas de instituciones especializadas, en opiniones, entrevistas, exposiciones y conferencias de expertos o personajes de relevancia pública, esas que se contagian como virus.

Economía digital

En esta oportunidad la reflexión viene al caso por la expresión “economía digital”, similar también a “transformación digital”; una expresión que mezcla hábilmente dos ideologías, entendidas como racionalizaciones sociales: la de la ciencia social económica y la de la tecnología electrónica digital, ya la mezcla tiene su intencionalidad reduccionista, es la economía adjetivada y restringida al ámbito de lo digital. 

Con estas expresiones como base se construyen oraciones completas, como si fueran sentencias, verdades, se propagan en la opinión pública, se combinan y elaboran discursos, argumentos, propuestas, tal cual como si fueran piezas de un “Lego” con las que se puede construir un fuerte, una casa, una ciudad, una nave espacial. 

Con este “guacho” hecho de piezas de “Lego” ensambladas se va al campo de batalla confiado, cuando se presenta la confrontación es donde comienza  el “arroz con mango”, basta que alguien logre abrir un espacio para la duda al hacer la simple pregunta:  ¿Qué es “la economía digital”?, alguno dirá es tan obvia la respuesta que no merece ser considera, otros, con sinceridad caerán en cuenta que no lo saben, simplemente  fue una expresión que como lema o slogan de campaña publicitaria resultó novedosa, rítmica, fácil de recordar y pegajosa,  la adoptó como parte de su vocabulario sin entrar en mayor reflexión. Los más aguerridos, entrenados en retórica y oratoria, emplearán técnicas para acallar la disidencia no con argumentos, sino con estridencia, añadiendo más elementos para aumentar la confusión o con ataques a la persona, así se gana tiempo y si no se gana se empata.

A lo profundo

La economía digital pudiera ser entendida como: la gestión eficiente de lo digital, asumido éste como un valor económico, de la misma manera que se emplea en expresiones como economía de la atención, economía de datos, siendo así ella solo será una porción de la economía de una empresa o de un país, pues hay otras cosas, objetos con valor económico que conforman el todo de la economía de tal instancia.

Otra forma de entenderla, es cuando se refiere al nivel de importancia de su incidencia en la producción, como cuando se dice una economía intensiva en mano de obra, intensiva en conocimiento, intensiva en capital, intensiva digital. Algunos modelos de producción han incluido lo digital y la gestión de datos como factores de producción. En este caso, se enfatiza su valor político, pudiendo entenderse como una nueva forma o categoría de capital.

Otra forma de entenderla, es como una subcategoría económica de la economía del tercer sector, el de servicios, de la que se puede medir el valor que agrega y los empleos que genera.

Otra forma de entenderla, es como una economía que se desarrolla exclusivamente en el ámbito de lo digital con activos digitales, servicios digitales y dinero digital, en una realidad alterna digital.

Como se puede apreciar la expresión es más confusa que clara, dice mucho y no dice nada. Hay que usarla con cuidado, en caso de emplearla dejar claro qué se entiende por la misma.

La racionalidad técnica instrumental

Hay una manía de socializar y hacer uso coloquial de palabras o expresiones que se corresponde con la jerga técnica, con significados y sentido muy específico empleados  para el intercambio y procesamiento de información a nivel  instrumental, donde la ambigüedad no tiene cabida. Se trata de protocolos, procedimientos, códigos y órdenes, datos. Emplear estas expresiones en el ámbito de lo social y de la vida cotidiana simplifica y reduce peligrosamente la comunicación humana verbal, en ocasiones oculta deliberadamente ideologías, propósitos, participantes, intereses.

Expresiones como: “los algoritmos controlarán nuestras vidas”, al analizarlas suena a ficción. Aquí los sujetos pasan agachados, su participación y responsabilidad se hace difusa, se enmascara, ya imagino un argumento de defensa: “no fue él, ella o ellos, fue el algoritmo”, absurdo, verdad.

“Si no adoptamos pronto  la economía digital el país va a desaparecer”, ¿qué se  quiere decir con esta sentencia?

“El futuro está en la IA”, Dios mío, ¿quién puede predecir el futuro?, ese en el que todo es posible, lo imaginable e inimaginable.

Ver fuente