11 febrero, 2026

Irán celebra 47 años de la Revolución Islámica con masiva movilización

Irán celebra 47 años de la Revolución Islámica con masiva movilización

Miles de ciudadanos colmaron este miércoles la emblemática plaza Azadi en Teherán para conmemorar el aniversario de la Revolución Islámica. La movilización masiva ocurre en un momento de máxima tensión, sirviendo como una demostración de unidad frente a las recientes advertencias de Occidente.

Desde las primeras horas del día, una marea humana convergió en la capital para escuchar el discurso del presidente Masoud Pezeshkian, quien reafirma la soberanía nacional en un escenario de asedio diplomático y militar.

La explanada de Azadi no solo albergó a la multitud, sino que sirvió de vitrina para exhibir una decena de misiles de largo alcance, algunos con capacidad de impactar objetivos a 1.500 kilómetros de distancia. Esta muestra de poderío balístico envía un mensaje contundente: Irán no planea ceder en su programa de defensa, a pesar de las exigencias directas del presidente estadounidense Donald Trump.

La presencia de armamento capaz de alcanzar bases estratégicas en la región subraya la determinación del país de mantener su capacidad de disuasión intacta.

La celebración se transforma así en un acto de resistencia política donde la fe y la identidad nacional se entrelazan contra la injerencia extranjera. Mientras las calles vibran con consignas de apoyo al sistema islámico, el gobierno iraní utiliza el respaldo popular como base para sus próximas maniobras en el tablero internacional.

Esta movilización demuestra que, ante las amenazas de sanciones o ataques, la respuesta de Teherán comienza con el despliegue de su fuerza ciudadana en los espacios públicos.

Diplomacia estratégica ante las exigencias de Washington

Pese a la firmeza militar mostrada en las calles, el tono oficial de Teherán muestra matices conciliadores en el ámbito nuclear. El Ministerio de Asuntos Exteriores sugirió recientemente que es posible alcanzar un acuerdo «aún mejor» que el pacto de 2015 firmado durante la era de Barack Obama.

Esta propuesta parece diseñada para captar la atención de Donald Trump, quien ha sido un crítico feroz del acuerdo anterior, calificándolo repetidamente como «un acuerdo muy malo» para los intereses de su país.

Ali Larijani, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, reforzó esta postura al señalar que un éxito en las negociaciones nucleares podría abrir la puerta a diálogos sobre otros temas sensibles. Irán plantea una estrategia de fases: primero asegurar un entendimiento nuclear justo y, posteriormente, discutir asuntos balísticos o políticas regionales.

Esta apertura condicionada busca desactivar la narrativa de conflicto total que promueven ciertos sectores en Washington, proponiendo en su lugar una negociación de alto nivel.

La dualidad de este miércoles —el pueblo y los misiles en la calle frente a la mano tendida en los despachos— define la actual diplomacia iraní. El gobierno de Pezeshkian apuesta por la resistencia interna como escudo y la negociación inteligente como espada. Al dejar la puerta abierta a nuevas discusiones, Irán traslada la presión a la administración de Trump, exigiendo reciprocidad y respeto a cambio de estabilidad en el Medio Oriente.

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