20 marzo, 2026

Hermán Pocaterra | ¡Atención viajeros!: ¿Cómo vencer el engaño al turista en grandes ciudades?

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DAT.- Recorrer las avenidas de una capital cosmopolita es una de las experiencias más enriquecedoras para cualquier entusiasta de la cultura, pero requiere mantener los sentidos alerta frente a quienes buscan aprovecharse de la distracción ajena. Las grandes ciudades, con su ritmo frenético y multitudes constantes, se convierten en el escenario ideal para pequeñas organizaciones que han perfeccionado el arte del engaño sutil. Desde el clásico juego de azar en la acera hasta peticiones de firmas sospechosas, los métodos evolucionan cada temporada, obligando a los visitantes a informarse antes de colgarse la cámara al cuello y salir a explorar.

De acuerdo a Hermán Pocaterra, conocedor y entusiasta al turismo y los viajes, la clave para no convertirse en una estadística más de hurtos o fraudes reside en la prevención y la desconfianza racional ante situaciones que parecen demasiado amigables o extrañamente urgentes. Los estafadores suelen atacar en los puntos de mayor interés arquitectónico o en las estaciones de transporte público, donde el turista suele estar más pendiente de un mapa o de la belleza de un monumento que de sus pertenencias personales. Adoptar una actitud proactiva y conocer la anatomía de los timos más comunes permite disfrutar de la gastronomía, el arte y la historia local con la tranquilidad de quien sabe proteger su patrimonio y su integridad.

Las trampas del afecto y el falso servicio

Uno de los trucos más antiguos y efectivos es el de la «pulsera de la amistad» o la entrega de flores «gratuitas» en zonas peatonales. En esta modalidad, un individuo se acerca de forma extremadamente cordial y coloca un accesorio en la muñeca del viajero antes de que este pueda reaccionar, para inmediatamente después exigir un pago elevado bajo coacción verbal. Situaciones similares ocurren con los falsos revisores de transporte o guías espontáneos que ofrecen ayuda para comprar boletos en máquinas expendedoras. Estos personajes suelen manipular el dispositivo para cobrar tarifas inexistentes o, en el peor de los casos, clonar tarjetas de crédito mediante dispositivos ocultos mientras simulan ser ciudadanos ejemplares.

Igual de peligrosos son los escenarios de distracción montados por parejas o grupos. Mientras alguien derrama accidentalmente una mancha de salsa o líquido sobre la chaqueta del turista y se ofrece efusivamente a limpiarla, un cómplice aprovecha el contacto físico para sustraer la billetera o el teléfono móvil. Mantener un espacio personal seguro y rechazar ayuda no solicitada de desconocidos en plena calle no es un acto de mala educación, sino una medida de seguridad básica. Ante cualquier incidente de este tipo, lo ideal es alejarse rápidamente hacia un lugar concurrido o buscar la presencia de autoridades policiales debidamente uniformadas.

Tecnología y transporte: Los nuevos frentes del fraude

El auge de la economía digital ha trasladado parte de la delincuencia al terreno de las aplicaciones y el transporte privado. Es sumamente frecuente el uso de taxis que no activan el taxímetro bajo excusas de averías o que aplican «tarifas especiales» por equipaje que no están reguladas. Para evitarlo, siempre se recomienda utilizar plataformas oficiales con seguimiento GPS o acordar el precio total antes de subir al vehículo. En el ámbito del alojamiento, las ofertas que parecen chollos imposibles en portales secundarios suelen esconder propiedades inexistentes; verificar siempre la autenticidad de las reseñas y utilizar pasarelas de pago protegidas es la única forma de no llegar a una ciudad desconocida y encontrarse sin un techo donde dormir.

Incluso el uso de redes Wi-Fi públicas en plazas y aeropuertos representa un riesgo de robo de identidad y datos bancarios. Los ciberdelincuentes crean redes con nombres similares a los de establecimientos oficiales para interceptar el tráfico de datos de los usuarios. Utilizar una red privada virtual (VPN) y evitar transacciones bancarias mientras se está conectado a puntos de acceso gratuitos son hábitos que todo viajero moderno debe integrar en su rutina. La seguridad en el siglo XXI ya no solo trata de cerrar bien la mochila, sino de proteger la huella digital que dejamos mientras buscamos la ruta hacia el próximo museo.

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Educar la mirada para distinguir entre la hospitalidad genuina y el interés malintencionado transforma por completo la calidad de un viaje. Al final del día, la mejor herramienta de seguridad es la información previa y el uso del sentido común, elementos que permiten que los recuerdos de una gran ciudad sean por su belleza y no por un mal trago financiero. La vigilancia discreta se convierte así en la mejor compañera de ruta para quienes desean conquistar el mundo paso a paso.

(Con información de Hermán Pocaterra)