El Gabán Tacateño: la voz de un pueblo
Una doble y contradictoria emoción viven los joroperos del país: la pérdida de uno de sus más grandes exponentes, el Gabán Tacateño, y apenas tres días después la declaratoria del joropo venezolano como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Enemecio Sánchez se fue el sábado 6 de diciembre de 2025 a los 86 años de edad bien vividos, y su recuerdo permanecerá intacto como una figura entrañable, alegre, creativa y vivaz, uno de los más grandes cultores del joropo central que se toca y canta en formato de “arpa, maraca y buche”, la trilogía rítmica que caracteriza a una de las tantas formas de este ritmo que atenaza al país en su identidad musical.
Nacido el 19 de diciembre de 1939 en Guare, parroquia Tácata, municipio Guaicaipuro del estado Miranda, Sánchez inició su carrera artística en 1964, tras trabajar de sepulturero en el Cementerio General del Sur y experimentar con rancheras y vallenato. Con el tiempo se convirtió en figura principal del también llamado joropo tuyero o mirandino, llevando su música a festivales, programas de radio y escenarios de todo el país.
Su repertorio incluye piezas inspiradas en divertidas anécdotas personales y en las corrientes culturales de moda durante su trayectoria. Como el trovador ecléctico que fue, lo mismo se interesó en la movida urbana como en el sonido ancestral, y ahí están sus discos para atestiguarlo. «El culucucú tuyero», «El baile del pescao» y «Reggaetón tuyero», títulos de algunos de sus hits, transparentan sus gustos dispares.
Pero también cantó desde lo íntimo: «Diciembre con mi mamá», «El día de mi cumpleaños», «Me tumbaron con la novia» y una pieza que se hizo enorme por su evocación y su inventiva: «Me robaron el arpa», una historia autobiográfica que revela su fascinación por la causa revolucionaria a partir del esperpéntico robo de uno de sus instrumentos esenciales durante un mitin chavista. Lo significativo del episodio es que El Gabán llegó a la tarima y contó lo sucedido y días después, en medio de los fragores políticos de Chávez recorriendo como un vendaval el país, recibió a un emisario del comandante que lo fue a buscar para reponerle en efectivo el monto del instrumento, el cual aceptó, como narró divertido años más tarde.
Bien zapateao
El joropo central es música para bailar. Las joropadas se celebran hasta el amanecer con eternas danzas en pareja y ese sonido con reminiscencias barrocas que revelan el peso castizo de nuestra hibridación cultural. El sonido metálico de las cuerdas del arpa recuerdan al clavecín, y sin saberlo el pueblo de a pie lo baila sin tregua.
Esa humanidad se fue cocinando al compás de este genio mirandino que produjo más de 6.000 canciones (en sus propias palabras) y 73 discos, testimonio de una trayectoria legendaria al servicio del canto criollo. Además hizo radio (El fiestón tuyero en Radio Nacional de Venezuela) y fue un activo pedagogo gracias a su inmensa sabiduría, tanto en el interior del país como en Caracas donde residía y se hizo artífice de un impulso fundamental del joropo en la ciudad.
En 2018 le dijo a Ernesto Villegas en una entrevista que pensaba morir sobre una tarima, con las botas puestas. Casi lo logra, pero una enfermedad lo mantuvo contra las cuerdas hasta su final.
La distinción
Un conmovido Maduro lamentó su partida. Expresó condolencias a los cercanos al maestro y escribió en sus redes: “El Gabán fue, es y será un cultor del alma popular, un sembrador de versos y melodías que narraron la vida del pueblo con autenticidad y belleza. Su voz seguirá resonando en cada joropo, copla y rincón donde la cultura venezolana se mantenga viva”. Chávez lo adoraba, al punto de que en los actos públicos le pedían al Gabán que ocultara los instrumentos porque si no iban a tener al presidente hasta el amanecer. Le otorgaron post mortem la Orden Libertadores y Libertadoras en su primera clase.
