El corazón de Irán (29)
El imperio sasánida legó a la humanidad una innovación sociotextil liberadora que transformó para siempre la relación del cuerpo con el espacio y el poder: el pantalón (shalwar). Mientras las culturas de Grecia y Roma se envolvían en túnicas y mantos que forzaban una estética de estatua, Persia diseñó la prenda de la acción, diluyendo las barreras físicas entre los géneros y las jerarquías sociales.
El pantalón fue, en esencia, la “tecnología de la igualdad”. Al permitir la zancada libre, la monta de caballos y el trabajo de alta precisión, esta prenda otorgó a la mujer una movilidad y una autonomía inéditas en la antigüedad.
El atuendo era una herramienta de soberanía que permitía a las persas participar en la caza y el polo con la misma agilidad que los hombres. Esta libertad de movimiento es la raíz de la modernidad: Persia entendió milenios antes que Occidente que la autonomía comienza por la capacidad física de transitar el mundo sin impedimentos ni pesadas telas, a pesar de que apenas unos gramos de ellas —en forma de velo— actuaran como jaulas.
La población vestía lana y lino de alta calidad, materiales nobles que ofrecían una protección superior en invierno y en el verano. El ingenio persa no permitía una “pobreza anticlimática”; la ropa de los ciudadanos era el resultado de una ingeniería textil que dominaba el hilado y la termodinámica de las fibras naturales, dando dignidad y funcionalidad para el trabajador.
En la cúspide de esta industria, la moda femenina sasánida se convirtió en una declaración jurídica. Gracias a las investigaciones de Prudence Harper, hoy sabemos que la opulencia de las sedas entalladas y el bordado enjoyado —la alta costura original— no buscaba ocultar a la mujer, sino proyectar su personalidad legal ante el Estado.
Cada joya, cada sello y cada costura anatómica acreditaban su estatus como administradora y socia fundadora de la vida social. El diseño persa fue tan disruptivo que la China Tang lo adoptó, y abandonó sus vestidos holgados. Persia se convirtió en la directora creativa del mundo conocido.
Al recordar que Irán perfeccionó y universalizó la prenda que hoy viste a la mujer en todo el planeta, recuperamos la verdad frente al olvido histórico: la identidad persa no reside en la restricción, sino en el diseño que nació para potenciar el movimiento, la ciencia y la apariencia soberana.
