20 marzo, 2026
El ciudadano y el Estado


La tendencia en la interpretación de las normas jurídicas y en las actuaciones de los órganos de gobierno que a ellas deben obediencia conduce a mostrarnos el grado de legalidad que ostentan los órganos públicos en la aplicación de esas normas de derecho.

De ahí que con frecuencia se especule de hasta dónde hay una efectiva subordinación a todo el conjunto de normas vigentes y cuál es la inclinación en la aplicación por esos órganos del sistema jurídico.

Se trata de tendencias que preocupan a los estudiosos del Derecho Público y que observan un conjunto de valores que éste debe observar en su variada actividad, en la cual ha de tratar de mantener el equilibrio Estado-Ciudadano, fortalecerlo y suministrar garantías para restablecer el equilibrio en caso de alteración.

Uno de los valores que se aspira alcanzar en cualquier sistema político y que determina la medida de su legitimidad es la normal conducta asumida en los canales demarcados por las normas jurídicas de distinta naturaleza y jerarquía. De no ser así, el propio sistema político tiene los medios a su alcance para revisar ese actuar irregular y repáralo con el propósito de su adecuación, ello con la finalidad de mantener el estado de derecho aludido y que debe practicarse en forma ordinaria, normal ya por el órgano público como por el ciudadano.

La doctrina moderna nos enseña que tanto el estado como el ciudadano deben sentir como natural el ordenamiento que los obliga y convertirlo en un sistema de vida sin ninguna presión. Al convertirse en el hábito natural el discurrir de los órganos públicos no requerirá la presión del sistema de sanciones que están diseñadas. De esa forma la relación ente público-ciudadanía será cada vez más armoniosa, productiva y eficiente.

El ciudadano que merezca esa denominación ha de ser un factor silencioso en el objetivo de alcanzar los diversos fines estadales y esa es entendida como una nueva función en el terreno público exhibido todos los días, sin la presión de la autoridad. De ahí el lema ¡Seamos buenos ciudadanos! Si es así se conseguirá un mejor Estado.

Profesor universitario



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