3 febrero, 2026
El cine venezolano es un “acto de fe”

En el marco de la conmemoración del Día Nacional del Cine el pasado 28 de enero, Vladimir Sosa Sarabia, presidente de la Fundación Cinemateca Nacional, ofreció un balance detallado sobre el estado actual, los desafíos institucionales y la proyección internacional de la cinematografía venezolana. En un extenso análisis, el también docente y gestor cultural caracterizó la producción audiovisual del país como un ecosistema complejo que navega entre la necesidad expresiva de sus creadores y las limitaciones impuestas por un contexto socioeconómico adverso.

Para Sosa Sarabia, la supervivencia del cine nacional no es un hecho aislado. Es una respuesta orgánica a la transformación de la sociedad. La cinematografía venezolana, asevera, funciona como un mecanismo de defensa identitaria frente a modelos foráneos de consumo masivo.

El presidente de la Cinemateca sostiene que el acto de filmar en Venezuela es, de manera intrínseca, una apuesta por la preservación de la cultura. A diferencia de la estética estandarizada de las grandes industrias globales, el cine local se define por su capacidad de retratar la idiosincrasia: el habla, la vestimenta y los conflictos específicos del ciudadano.
“Hacer cine en Venezuela es en sí mismo una pelea por nuestra identidad. Solo el hecho de mostrar cómo hablamos ya es defender quiénes somos”, puntualizó, destacando que incluso las obras que intentan alejarse de la realidad nacional terminan permeadas por el entorno.

Sarabia subrayó que el público venezolano es un juez crítico que exige coherencia ética. Según su visión, el espectador rechaza las representaciones que considera deshonestas o que desvirtúan la realidad del pueblo, lo que impone una responsabilidad tácita sobre el creador cinematográfico.

El freno económica

El financiamiento se mantiene como el obstáculo principal para el desarrollo de la industria. Sosa Sarabia calificó la producción en el país como un “acto de fe”, debido a las dificultades para levantar presupuestos en medio de lo que denomina una agresión sostenida a la economía nacional durante los últimos 15 años.

Ante la escasez de recursos, la industria ha recurrido a la creatividad y a redes de apoyo que involucran al Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), gobiernos locales y, en menor medida, la empresa privada. Si bien la ley vigente garantiza el estreno de toda obra nacional, el directivo reconoció que es necesario optimizar las condiciones de permanencia en cartelera y mejorar la colocación de formatos cortos y mediometrajes. “El mercado ha migrado hacia las plataformas de streaming, un terreno donde el cine venezolano aún busca consolidar una presencia robusta que compita con el dominio de la industria de Hollywood”.

Aprender haciendo

El balance del año 2025 arroja cifras positivas en cuanto a estrenos y participación en festivales. Sosa Sarabia destacó que la recuperación postpandemia se ha consolidado gracias al compromiso institucional y al “hambre” de los cineastas por narrar historias. Venezuela se confirma como una potencia en el género documental, logrando captar el interés de festivales internacionales y academias de prestigio.En cuanto a la formación, resaltó el programa Aprender Haciendo del CNAC, que integra a jóvenes realizadores en rodajes profesionales. El aumento de escuelas y centros de formación en la última década ha permitido que una nueva generación de técnicos y directores asuma roles protagónicos en la industria actual.

Finalmente, el presidente de la Cinemateca observó un renovado interés por el cine venezolano en el mercado internacional, impulsado en parte por la curiosidad global sobre la situación del país y por la presencia de una migración que demanda contenidos con sello nacional. Para él, el cine sigue siendo la herramienta más eficaz para entender la complejidad de Venezuela. “Se puede entender cualquier país a través de su cinematografía”.

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