EEUU ataca otra embarcación y mata dos personas en el Pacífico
El Comando Sur de Estados Unidos informó este viernes sobre la ejecución de un «ataque cinético letal» contra una pequeña embarcación en aguas del Pacífico oriental. Bajo las órdenes directas de Pete Hegseth, la Fuerza de Tarea Conjunta «Southern Spear» (Lanza del Sur) destruyó el bote alegando supuestos vínculos con organizaciones terroristas, una terminología que Washington emplea para justificar operaciones militares en aguas internacionales.
La operación resultó en la muerte de dos personas, calificadas de inmediato por el organismo militar como «narcoterroristas», a pesar de no haber presentado pruebas públicas que sustenten dicha etiqueta.
Un tercer ocupante de la lancha logró sobrevivir al bombardeo, y según el comunicado oficial, se ha solicitado a la Guardia Costera la activación de protocolos de búsqueda, aunque la veracidad de estos esfuerzos de rescate tras un ataque letal es cuestionada por diversos observadores.
La falta de detalles técnicos es evidente en el reporte oficial, ya que no se precisó a qué grupo pertenecía la embarcación ni su ubicación geográfica exacta al momento de ser interceptada. El Comando Sur se limitó a señalar que su inteligencia confirmó que el buque participaba en operaciones ilícitas, una afirmación que se repite de forma sistemática sin que existan mecanismos de verificación independientes sobre lo que realmente transportaban estas pequeñas naves.
El contexto de la ofensiva militar tras el secuestro de Maduro
Estos bombardeos contra presuntas narcolanchas, que ya acumulan un saldo de al menos 123 muertos, se reactivan tras una pausa de casi tres semanas. Este cese temporal de hostilidades en el mar coincidió con la conmoción internacional generada el pasado 3 de enero, cuando fuerzas de Estados Unidos atacaron Venezuela para ejecutar el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en una flagrante violación de la soberanía nacional.
El traslado forzoso del mandatario venezolano y su cónyuge a territorio norteamericano bajo acusaciones de narcotráfico ha marcado un precedente de agresión directa en la región. Tras aquel operativo de extracción, que la comunidad internacional califica como un secuestro de Estado, la maquinaria militar estadounidense parece haber retomado su campaña de ataques letales contra objetivos menores en el Caribe y el Pacífico, manteniendo la misma narrativa de «lucha contra el narcoterrorismo».
La comunidad internacional observa con creciente preocupación cómo Washington utiliza la etiqueta de «inteligencia confirmada» para actuar como juez y ejecutor en alta mar. Sin la presentación de cargamentos incautados o la identificación fehaciente de los fallecidos, los ataques como el de este viernes alimentan las dudas sobre si estas víctimas son realmente criminales o civiles atrapados en una política de fuerza desmedida que no respeta el debido proceso ni las leyes internacionales.
