Chuquisaca – Últimas Noticias
Su pluma no reposaba, al igual que su insaciable tarea de hacer ciudadanos.
Mandatos iban y venían de quien escribía para materializar mundos. Al tanto estaba el Libertador de los estragos de la guerra en los espíritus americanos, pero también en su geografía.
Era 19 de diciembre de 1825 en Chuquisaca, cuando su verbo se pronunciaba a favor del ambiente de la Bolivia recién fundada. El Decreto de Chuquisaca sería un documento capital de los más de la docena que emitiría en diversos momentos sobre la misma materia.
En los considerando del Decreto de Chuquisaca el Hombre de las dificultades menciona la carestía del agua, la falta de vegetales, la esterilidad del suelo, la ausencia de combustible y por supuesto, la merma de metales de importancia vital para todos, para luego dictar “que se visiten las vertientes de los ríos, se observe el curso de ellos y se determinen los lugares por donde puedan conducirse aguas a los terrenos que estén privados de ella”, y además, proseguía, “que se emprenda una plantación reglada a costa del Estado, hasta el número de un millón de árboles, prefiriendo los lugares donde haya más necesidad de ellos”.
Asimismo, exhorta que “los prefectos, con intervención de las diputaciones de minería” actúen oportunamente para resolver estas calamidades, adoptando “las medidas administrativas y económicas que exija la inmediata prosperidad de las tierras, impulsando obras de riego y la formación de montes y bosques que aseguren el aprovechamiento prolongado de las aguas, la fertilidad de los suelos y la necesidad de leña en las provincias”.
Limitar el pensamiento de Bolívar a la dimensión política o militar es un error muy recurrente. La sobredimensión de la diatriba por el poder, en una coyuntura de creación de instituciones para una realidad nueva, así como la necesidad de poner en evidencia una encarnecida lucha justificadora de “héroes contra villanos” en nuestro proceso de Independencia, en parte, explican esta visión restringida de la doctrina del Grande Hombre.
La preocupación que tuvo el Libertador del ambiente no se puede divorciar de otras medidas de justicia social y económica, pues, a fin de cuenta toda búsqueda, por ejemplo, de igualdad para el indígena o el esclavizado, no puede ser in vacuo, sino en un territorio concreto.
Lo que dice de su mirada integral: un concepto del espacio entendido como interrelación dinámica del “hombre con la naturaleza”. Aun cuando la visión moderna del caraqueño estaba muy inscrita en la óptica instrumentalista de los bienes, es decir, en un enfoque muy antropocéntrico, para su momento representaba lo más adelantado de su hora.
Debemos cuidarnos de interpretaciones anacrónicas, el de extrapolar ideas pasadas sin evaluar el contexto donde se realizan. Esto no quita grandeza al Padre de la Patria, más bien, al ubicarlo en su tiempo, explica lo trascendental de su aporte y su vigencia de rigor.
Valorar la “casa” hermosa que tenemos, legislar y hacer cumplir la protección de los recursos naturales, teniendo conciencia conservacionista contra el capitalismo depredador imperante, parece ser una moraleja de este escrito bicentenario.
El Decreto de Chuquisaca es ejemplo del ideario ecologista nuestroamericano que debemos recordar en días de nocivo extractivismo y de usos de tecnologías pocas veces sustentables.
