24 abril, 2026

Manuel Manrique inició el triunfo en el Lago de Maracaibo

Manuel Manrique inició el triunfo en el Lago de Maracaibo

El tomar a Maracaibo y estar al frente de la actual capital del estado Zulia, le permitió a Manuel Antonio Manrique, colaborar inmensamente en el desarrollo definitivo de la batalla que selló la liberación de la parte occidental de nuestro territorio, con el encuentro marítimo, en el cual el jefe naval fue José Prudencio Padilla.

Para aquel 24 de julio del 1823 los realistas estaban eliminados en casi todo el territorio venezolano, al cual había llegado Cristóbal Colón en el 1498 por los predios del luego estado Sucre, lo que indica que, para entonces el dominio colonial en occidente, se remontaba a los 325 años. Dos años y un mes antes, El Libertador Simón Bolívar, había vencido a Miguel de la Torre y Pando, en la batalla de Carabobo. Para este mes de julio del 1823, solo quedaban Maracaibo y Puerto Cabello en poder de los realistas. Es entonces cuando el recién investido de general, Manuel Antonio Manrique inicia las acciones en tierra y se apodera de Maracaibo y destruye la defensa artillada en toda la hoy capital del estado Zulia, del cual era el comandante. Entre esos bastimentos y armas, cayó el cañón llamado “la Cotorra”, con el cual los españoles mantenían segura la entrada al lago de Maracaibo de cualquier nave enemiga, cuya flota tenía al frente al capitán de navío, Ángel Laborde y Navarro, mientras que el segundo lo era “el temible”, Francisco Tomás Morales, quien venía combatiendo a los patriotas, desde los primeros años de la gesta emancipadora, iniciada por los predios de Coro en 1810.

Es precisamente en esas circunstancias que Manrique se apodera de Maracaibo, lo que permite que ocho días más tarde, el 24 de julio, se libre la batalla naval del Lago de Maracaibo, que tuvo al frente por los patriotas a José Prudencia Padilla, quien había nacido en Río Hacha.

Composición de patriotas y realistas. Tomaremos nota de uno de los tres libros de la historia de Venezuela de Rafael María Baralt para referirnos a los buques que se iban a enfrentar aquella tarde de hace 200 años, en el Lago de Maracaibo. En el encuentro marítimo, las embarcaciones con mayor poder de fuego eran los bergantines y goletas. Y cada escuadra presentó por su lado: 12 goletas, 3 bergantines, 16 buques menores, 67 piezas, 925 infantes de marina y 497 marineros para los realistas. Mientras que los patriotas se presentaron con 7 goletas, 3 bergantines, 85 piezas y 872 hombres y «una fuerza sutil respetable» con 15 piezas y 327 hombres para los de Padilla.

La mayoría de las embarcaciones utilizadas en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo eran de un tonelaje muy ligero y se les conoció como «Fuerza Sutil»: flecheras, bongos, faluchos y demás. Idóneas para las travesías en ríos y lagos y que se utilizaban básicamente para el transporte lacustre de personas y mercaderías. Y hasta para llevar el correo.
También citaremos al contralmirante Eljuri Yúnez, quien mencionó a varios oficiales patriotas, y capitanes de la armada y citó a “Renato Beluche, Nicolás Joly y Walterio Chitty, prácticos del golfo de la barra y El Tablazo, los coroneles Carmona y el presbítero José Félix Blanco”. Esta oficialidad se reunió en una especie de consejo, en el cual decidieron “forzar la barra y apoderarse de Maracaibo”. Fue allí donde participó Manrique y se apoderó de la capital zuliana.

Ubicación de las flotas para la batalla. La ubicación de ambas flotas fue la siguiente: La escuadra realista se situó entre Capitán Chico y Bella Vista, y la republicana frente a Los Puertos de Altagracia. El combate tuvo una duración aproximada de dos horas, con la participación de 1.199 republicanos y 1.317 realistas que resultaron derrotados. Es importante señalar que exactamente para el día de la batalla, El Libertador Simón Bolívar se encontraba en Guayaquil, y estaba cumpliendo 40 años de su nacimiento en Caracas, el 24 de julio del 1783.

Previamente a la batalla en sí, se produjeron varios pequeños encuentros y otros hechos destacando que previamente, el jefe de las naves realistas, Ángel Laborde, le envió desde Curazao “algunos auxilios a las escuadrillas de Morales y el cuatro del siguiente mes (julio), salió el mismo con dirección a Maracaibo, llegando el 14, al castillo de San Carlos con dos goletas mercantes solamente, pues, había ordenado que sus buques de alto bordo, no pudiendo pasar por la barra, quedasen en el golfo. Reunió luego en Zaparas la escuadrilla y se dirigió a pasar El Tablazo, la cual verificó el 22 a pesar de alguna resistencia que le opusieron los buques republicanos, logrando montar al siguiente día el islote de Capitán Chico y fondear entre él y Maracaibo. Los independientes dieron la vela y el mismo día anclaron en Altagracia y Punta de Piedras. Ambas escuadras se preparaban para atacarse el 24 y sólo esperaban por el viento, cuando los patriotas que los tuvieron favorables a las dos de la tarde, dieron la vela sobre sus contrarios…”.

Después de estas iniciativas de ambos bandos, la batalla se iniciaría en las primeras horas de la tarde del 24 de julio del 1823, hace exactamente 200 años, cuando se libró el último gran encuentro entre patriotas y realistas y fue el que marcó el triunfo definitivo en nuestra gesta emancipadora. Al verse perdido en el desarrollo del encuentro, Laborde prácticamente huyó del escenario y dirigió sus naves hacia la salida de las aguas del Lago, pues, prácticamente se consideraba vencido. Ante esta circunstancia, Francisco Tomás Morales, quien fue el último jefe español en el territorio venezolano, y con más tiempo en los mandos realistas, optó por rendirse.

Finalmente, entre el 8 y el 10 de noviembre de ese mismo año de 1823, Páez derrotó al último jefe realista en territorio venezolano, Sebastián de La Calzada, a quien le concede la libertad para que se fuera al exterior. Por su parte, Morales accedió a entregar el poder, como también los buques, la ciudad de Maracaibo, el Castillo de San Carlos y el Castillo de San Felipe, en Puerto Cabello.

Esta gloriosa batalla librada en el Lago de Maracaibo, marcó otra página en nuestra gesta emancipadora y en el desarrollo de la historia de ese importante estado del área occidental, dejó atrás las acciones de la capital del estado Zulia, toda vez, que quedó incluido entre los que se negaron a firmar el Acta de la Independencia en aquellos iniciales días que siguieron al 19 de Abril del 1810 y el 5 de Julio del 1811, cuando fue declarada la Independencia y lo que constituyó el comienzo de los 13 años de guerra que duró esa cruenta gesta emancipadora.

Comunicaciones entre Manrique y Padilla. Pero todo no terminaría con la victoria de los patriotas en la batalla del Lago, pues en el fondo quedaron muchas reticencias entre Manrique y Padilla, ambos patriotas que lo dieron todo durante sus años de servicio en la gesta emancipadora, comenzada por cada uno en sus respectivos terruños. Citaremos una comunicación que Manrique le remitió a Padilla después del encuentro. En esta misiva de las muchas que se cruzaron entre ambos, el nativo de Cojedes le señala al neogranadino lo siguiente: “La libertad de Maracaibo se debe única y exclusivamente a las operaciones de las tropas y marina desde que vuestra señoría entró por la barra sin obstáculos y yo me embarqué Moporo con la división del Zulia, es decir, a las diversas incursiones que se hicieron debilitando al enemigo y sacándole los recursos del país para subsistencia de ambas fuerzas sin cuya medida nada se habría conservado; a la ocupación de la plaza por las tropas de mi mando el 16 de junio, que dio tantas ventajas a la escuadra y desmoralizó a los enemigos; al combate naval del 24 del último mes, que vuestra señoría tenía a bordo de los buques cerca de mil fusileros; a los tratados de capitulación por lo que se rindieron más de dos mil hombres que le quedaban disponibles y a la prudencia con que obré por mi parte sin comprometer los combates a que se instaba sin cálculo, debiendo manifestar a vuestra señoría que, como director de las operaciones, solo yo podía entrar en tales negociaciones con la plaza, sin tener vuestra señoría nada que ver con la escuadra acoderada en el puerto…”.



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