23 abril, 2026
Simón Rodríguez y el teatro

El polímata Simón Rodríguez no estuvo ajeno al teatro. Cuando tenía tres años, los miembros de la guarnición veterana de Caracas representaron obras de los madrileños Lope de Vega (1562-1635), Calderón de la Barca (1600-1981) y Agustín Moreto (1618- 1669). Simón Rodríguez contaba con 14 años, cuando fue inaugurado en 1784 el primer teatro de Caracas entre las esquinas de Conde y Carmelitas, del cual se convirtió en un asiduo visitante. A fines de 1788 y principios de 1789, Simón Rodríguez, con 19 años, es testigo del juicio que se le sigue a un pardo llamado Manuel Barboza, apodado Curazao, por llevar a cabo representaciones en un tablado de su propiedad con títeres manipulados por debajo de las tablas, cuyas voces imitaban quienes las manejaban; la obra era el Misterio de la Anunciación del Divino Verbo, su Encarnación y Nacimiento y se representaba todas las noches con una nutrida concurrencia.

Simón Rodríguez leyó al dramaturgo español Benito Jerónimo Feijóo (1676-1764): “El Padre Feijóo escribió su teatro Crítico”, escribe en 1828. En la Defensa de Bolívar, Simón Rodríguez hace uso del teatro al dirigirse a los diputados que groseramente insultan al libertador: “Vosotros prometisteis la Independencia, o morir peleando por ella: ambas promesas han visto cumplidas los pueblos: ¿qué han hecho sus Representantes para darles la libertad? — En un descampado, promete una compañía de actores, representar un drama nuevo, si le dan teatro: el deseo de verlo anima al trabajo, y la juventud, siempre dispuesta a empresas laboriosas, se encarga de la obra: en poco tiempo despeja, construye y entrega el edificio a los actores. El día señalado poetas y aficionados asisten: los actores se presentan con trajes, en parte conocidos, en parte extraños… todo se les suple, esperando que hablen… al fin empiezan; pero,… ¿que? — una comedia añeja, retocada de prisa, y sostenida con ciertos sainetes: ni viejos ni mozos aplauden, porque ninguno ve ni las ideas, ni el gusto de su edad. — ¿Se quejarán los actores, con razón, si el auditorio militar murmura?

A mediados de la década de los años treinta del siglo XIX, Andrés Bello recibe la vista de Simón Rodríguez. Hablan y recuerdan, entre otras cosas, de la obra Venezuela consolada escrita por el poeta caraqueño, y estrenada en Caracas en 1804, la obra teatral más antigua escrita por un autor venezolano. También hablan de la envidia que tenía a Bello el médico José Domingo Díaz, autor de pésimos poemas y de dos obras teatrales: la tragedia Inés de Castro y el Monólogo de Luis XVI, tan malas que nunca fueron representadas.



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