El tráfico de influencias – Últimas Noticias
El funcionario público que se aprovecha de sus funciones o usa las influencias derivadas de las mismas para obtener beneficio económico u otra utilidad comete el delito de tráfico de influencias. Pero también lo comete el particular que en beneficio propio o de otro hace uso indebido de la influencia que pudiera tener sobre algún funcionario público para que éste ordene o ejecute un acto propio de sus funciones, o lo omita, retarde o precipite, o realice uno contrario al deber funcional. De igual forma el tráfico de influencias se refiere a las personas que, alardeando de valimiento o de relaciones de importancia e influencia con cualquier funcionario, reciba o se haga prometer beneficios para él o para un tercero. Este último supuesto se refiere a los famosos “vendedores de humo”, o sea, los que venden favores cuyo éxito no depende de ellos sino de las relaciones de amistad o de otra índole que tengan con el funcionario público.
Cuenta Francesco Carrara que la historia recuerda casos de severidad de gobernantes contra los “vendedores de humo”. Uno de ellos hace referencia al emperador Alejandro Severo quien, en el año 228 después de Cristo, hizo morir a Vetronio Turini que andaba jactándose de poder obtener lo que quería del emperador, pero éste al conocer los hechos instruyó a una persona para que se presentase ante Vetronio fingiendo requerir su mediación para conseguir una gracia del emperador, a la cual, Vetronio se comprometió. Ya convicto, Vetronio fue atado a un poste en la plaza pública, con paja húmeda y leña verde en derredor hasta ser sofocado en humo, mientras el pregonero gritaba: “Sea castigado con humo el que vendía humo.” Este pagó por simulación de influencias, tal como se denomina en la legislación italiana, o “venta de humo”.
El artículo 78 de la Ley contra la Corrupción señala al funcionario público como sujeto activo y la influencia de que haga uso el particular es verdadera y la ejerce o la usa de manera indebida. En el artículo 86 de la misma Ley se trata exclusivamente de hacer alarde de valimiento, relación de importancia o influencia con cualquier funcionario público.
Por ahí andan los vendedores de influencias, tengan cuidado, es como una jauría cazando favores, unas veces son reales porque tienen al funcionario en confabulación, otras son simulaciones, como “castillos en el aire”, pero hacen daño.
