24 abril, 2026
¿Un delincuente?

Los vencedores de las lides que sellarían la separación absoluta y sangrienta de la corona española, se encargarían de explicar que sobraban las razones para tamaña empresa, por ser el régimen hispano usurpador y oprobioso, cargado de abusos y excesos.

Aducían causas políticas de autonomía y soberanía mientras que mantenían intactas las relaciones económicas de dominación.

¿Cómo se podría decir que todos los hombres eran iguales, como rezaba en sus artículos principales la Carta Magna, en una Venezuela donde existía mano de obra esclavizada? El carácter censitario y oligárquico estaban presentes en la Constitución de 1811 pese a todo el alarde progresista de la misma.

La historiografía elitista relegará a segundo plano aquellas tentativas que no procedieran de la nobleza colonial. Si bien no ignora, por lo menos subestima a aquellos movimientos de intereses distantes al “círculo de fundadores de la patria”.

Acompañar a expediciones, sublevaciones y conspiraciones con el prefijo “pre” ya le da una connotación de segundo orden a estas iniciativas que no representan a las clases dominantes, además de vetarlas del momento áureo de la Independencia. 

Románticos, positivistas y revisionistas -con honrosas excepciones- se encargarán de asignarles un rol subalterno a las mayorías marginadas, calificándolas de “hordas bárbaras y perezosas”, incapaces de alcanzar virtudes republicanas exclusivas de los blancos criollos.
Aquí llegamos a los “movimientos preidependentistas”, siendo la insurrección de José Leonardo Chirino el caso más ejemplarizante de lo que venimos afirmando.

Es en este sentido que llamamos la atención sobre la trascendencia histórica de José Leonardo Chirino, zambo libre que capitaneó con José Caridad González, el 10 de mayo de 1795, en la serranía coriana y zonas adyacentes, la rebelión de negros y mulatos contra los abusos de José Tellería, poderoso comerciante y síndico procurador de la ciudad, contra Juan Manuel Iturbe, representante de la Intendencia del Ejército y Real Hacienda, y contra Luis de Bárcenas, administrador de Aduana del Caujaro, respectivamente. 

Adjudicarle la condición de preindependentista al alzamiento de Chirino de igual manera niega la importancia de un movimiento que abogó por la proscripción de la esclavitud, la igualdad de clases, la eliminación de los privilegios y la derogación de los impuestos de alcabala.

Sobre el polémico asunto de la influencia o no de la Revolución francesa y los principios republicanos, el movimiento de Chirino, sea cual sea la verdad histórica, no desmerita el contenido social de la misma en una época en que el sistema monárquico daba claras señales de crisis en sus colonias de ultramar.

De tal modo que considerar al Chirino como una simple insinuación preindependentista es reforzar la mirada eurocéntrica y burguesa que invisibiliza el despertar de una conciencia popular propia proclive a la liberación de cualquier yugo.

Pese a ser una manifestación local -como muchas veces se le enrostra, hecho no cierto historiográficamente- el pedimento de Chirino es universal, el de combatir cualquier injusticia, con o sin organicidad ideológica, lo que no invalida la fuerza del espíritu humano que quiere romper las cadenas.

Chirino es un independentista, símbolo de un movimiento socio-reivindicativo. No fue un “delincuente”, fue un hombre con un pueblo ganado para la libertad, la emancipación y el hambre de inclusión, apreciados sueños que todavía nos persiguen.

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