10 agosto, 2026

Luis Aparicio hubiera sido general, en vez de bigleaguer de tres equipos

Aparicio cambió a M. Blancas y Orioles

El miércoles hará 42 años, porque el 12 de agosto de 1984, fue cuando se convirtió Luis Aparicio en el primer venezolano, y el cuarto de Latinoamérica elevado al Hall de la Fama, tras Roberto Clemente, Martín Dihigo y Juan Marichal.

“Quiero agradecer a mi padre, quien fue un shortstop mucho mejor que yo” dijo Luis en su discurso, al ser elevado, “por haberme dotado de lo necesario para destacar en Grandes Ligas. Gracias a los fanáticos de Chicago, Baltimore, Boston y Venezuela por hacerme tan feliz. Gracias a Dios por tantos momentos especiales, como éste”.

Pero, Luis no hubiera sido tal figura, de no haber nacido con los pies planos. Por eso, por tener pies planos, lo rechazaron en las Fuerzas Armadas de Venezuela, donde hubiera sido militar toda su vida, hasta con el grado de general.

No obstante, fue campeón en robos nueve temporadas consecutivas. Cuando llegó Luis a las Mayores, en 1956, el robo de base estaba poco menos que olvidado.

Aparicio en la Liga Americana y después, Maury Wills (Dodgers) en la Nacional, resucitaron esas emociones.

736 veces se embasó por bolas y conectó dos mil 677 incogibles, para promedio de 262. Le quedaron turnos para ser out, a propósito, 411 veces, con roletazos por primera o segunda para arrimar corredores.

“¿Cuántos de esos llegaron a home?” se preguntó Al López, en entrevista que le hice después de retirado. Al dirigió a Luis en Chicago entre 1957 y 1962. Y añadió Al…: “Nadie tiene esa respuesta. La mente de Aparicio fue muy superior a la de todos los demás que dirigí. Descubrir que robando bases podía ayudar más y mejor a su equipo, fue una demostración de la inteligencia suya para el juego.

En “The National Baseball Hall of Fame Almanac 2016”, se lee…:

“Pocos del tamaño de Luis Aparicio han podido brillar en Grandes Ligas como él”.

Cuando comenzó a perder alcance de lado y lado, fue mejor shortstop. Porque había estudiado a los bateadores y siempre estaba hacia donde iban los batazos.

Había sido en 1954, cuando en Chicago firmaron a Luis, porque estaban satisfechos con los servicios que desde 1950, les prestaba Alfonso (Chico) Carrasquel.

Aparicio estuvo dos años en las menores. Después de la temporada de 1955 los Medias Blancas necesitaban un bateador zurdo de fuerza y conversaron con los Indios por Larry Doby. De allá les pidieron a Alfonso y al centerfielder, Jim Busby.

Entonces, de Chicago preguntaron a su gente de las menores si Aparicio estaba preparado para las Grandes Ligas. La respuesta es histórica…:

“¡Ese llegó aquí ya preparado!”.

Debutó un 17 de abril de 1956

El 17 de abril de 1956, los Medias Blancas lo alinearon como octavo bateador y shortstop.

Con 21 bases robadas, ganó el primero de sus nueve títulos seguidos. Ningún otro ha obtenido ese premio más de seis oportunidades en fila; también fue líder en toques de sacrificio, 14; y los periodistas lo eligieron El Novato del Año.

En 1959 se echó el equipo al hombro, con 56 bases robadas y 98 carreras anotadas, para encabezar la invasión a la Serie Mundial. En la votación del Más Valioso de la Liga, llegó segundo. Lo superó su compadre y compañero de equipo (2B), Nelly Fox.

Pero, los Dodgers no les permitieron saborear la champaña de octubre, al ganarles la Serie Mundial en seis juegos. Luis bateó para 308, con ocho hits, incluso doble contra Sandy Koufax. Uno solo terminó con mejor promedio, Ted Kluszewski, 391, también de los Medias Blancas. Aparicio, el primero de Venezuela en una Serie Mundial.

En 1966, el mánager, Hank Bauer, vio a sus Orioles despachar a los favoritos Dodgers en cuatro fechas de la Serie Mundial. El único latinoamericano en esta Serie fue Aparicio. Los Dodgers no tenían ninguno.

Me dejan libre solo una vez

En la primavera de 1974, los Medias Rojas, para quienes jugaba Luis desde 1971, entrenaban en Winter Haven, Florida.

Estaba Aparicio por cumplir 39 años, pero sudaba todos los días en el campo de entrenamientos, como el mejor novato. Lo llamaron a las oficinas del club.

“Lamentablemente” le dijeron, “tenemos que dejarte libre”.

Aparicio fue al hotel a arreglar sus cosas para viajar a Venezuela, y sonó el teléfono. Era George Steinbreinner. Le dijo:

“Mandé un emisario, lleva un contrato en blanco, para que pongas cuánto quieras cobrarle a los Yankees por las dos próximas campañas”.

“Muy agradecido, señor Stenbrenner. Pero a mí me dejan libre una sola vez en mi vida”, respondió Luis.

Gracias a la vida que me ha dado tanto, incluso un lector como tú.

Ver fuente