El nuevo Plan Cóndor y el golpe electoral
En el siglo pasado, en 1975, se instauró el Plan Cóndor en Santiago de Chile, cuando los dictadores de Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay se reunieron para coordinar inteligencias militares que promovían campañas del terror, las cuales se concretaron en actos criminales, como desapariciones forzadas, torturas, homicidios, rapto de niños, con el franco propósito de reprimir a la disidencia política, representada sobre todo por el comunismo, en un contexto de rechazo a la Unión Soviética.
El Plan Cóndor tiene como escenario la Guerra Fría, marcada por el surgimiento de políticas anticomunistas implementadas por el militarismo con poder de facto que enarboló la bandera de la lucha contra el comunismo, antecedente de la lucha (o guerra) contra el terrorismo, porque aglutina una ideología de derecha, sustentada en la seguridad nacional, en la que el comunista se representa como una amenaza o enemigo interno, por ejemplo, las guerrillas en Colombia, o externo, cualquier país con un sistema socialista, o simplemente un sistema social que medianamente cuestione el capitalismo global.
En el presente, la manera de llevar a cabo este nuevo Plan Cóndor es el golpe electoral, marcado por el fraude que es perpetrado mediante la vulneración del software o hackeos, para alterar los resultados electorales.
Las recientes elecciones de países como Ecuador, Honduras, Perú y ahora Colombia han estado acompañadas de acusaciones de manipulación de actas, así como de prácticas antidemocráticas, como campañas externas que tienen como objetivo condicionar el voto a favor del candidato de derecha. Todo esto es una violación de los derechos políticos de los electores.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro denunció el fraude para favorecer al candidato de derecha, Abelardo De la Espriella. Los resultados estuvieron plagados de irregularidades, por ejemplo, municipios que tienen más votantes que habitantes y votación por bloques perfectamente sincronizados, lo que solo es posible mediante la manipulación de software. Definitivamente, ya no hace falta tomar el poder de facto, al estilo de Videla o Pinochet, sino esperar que se fijen elecciones para, mediante el golpe electoral, tomar el poder político, de manera antidemocrática, aunque digan lo contrario, para rememorar el Plan Cóndor.
