Con promesas de transformación De la Espriella jura como presidente de Colombia
Esta jornada, el ultraconservador Abelardo de la Espriella juramentó como presidente de Colombia para el período 2026-2030. La toma de posesión ocurrió en un recinto de espectáculos en la ciudad de Cali. Este hecho rompió con una tradición largamente instalada en el país suramericano, donde los mandatarios recibían el mandato en la capital, Bogotá.
El acto marcó un punto de inflexión político y simbolizó una descentralización inédita en la historia institucional colombiana reciente. El flamante jefe de Estado explicó el profundo significado de su llegada al poder y enfatizó la ruptura con el pasado inmediato.
«He venido a cerrar un largo capítulo de resignación nacional y a emprender, junto al pueblo, la transformación más profunda de nuestro destino», apuntó el político. Su primer discurso como presidente sucedió en el Cantón Militar Pichincha, una importante base militar del Ejército colombiano. «Este lugar honra a quienes conquistaron la libertad y simboliza la presencia de una fuerza pública llamada a custodiarla», consideró ante los asistentes y miembros de las fuerzas armadas.
Orden, autoridad y libertad
El mandatario aseguró que la Independencia no constituye un momento estático sino un proceso que «debe reafirmarse cada día» mediante valores fundamentales como la disciplina, la unidad y el respeto estricto por la ley. De este modo, anunció al pueblo colombiano que «ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad».
Prometió asimismo gobernar para todos los ciudadanos y ejercer sus funciones desde el servicio, con convicciones claras y un programa sólido, al estimar que una administración sin principios encamina su gestión al fracaso rotundo.
Durante su alocución, el presidente rememoró la contienda electoral y su significado democrático para la nación. «El pasado 21 de junio, no ganó un hombre ni un partido: ganó la democracia colombiana. Ganó el derecho de millones de colombianos de decidir libremente el destino de la nación, ganó la posibilidad de que Colombia transite por el camino de la libertad, de las instituciones y del estado de derecho», expresó. Con estas palabras, el gobernante marcó una distancia radical frente a la agenda que caracterizó la gestión de su antecesor, Gustavo Petro.
Propuestas económicas e internacionales
Antes de asumir el cargo, el líder conservador prometió poner fin a la política de paz total implementada por la administración anterior. Su plan gubernamental contempla liberalizar la economía, retomar la explotación masiva de hidrocarburos, estrechar los lazos bilaterales con Estados Unidos y reanudar las relaciones diplomáticas con Israel.
Esta última decisión revierte la suspensión decretada en el pasado tras las tensiones derivadas de los enfrentamientos en la Franja de Gaza. El mandatario manifestó en su discurso inaugural que el país necesita una regeneración económica que fortalezca la iniciativa privada, la inversión, la confianza y el empleo digno.
Asimismo, insistió en que la sociedad colombiana requiere sanar divisiones profundas. El gobernante abogó por una regeneración que destierre el odio y el resentimiento para volver a reconocernos como hijos de una misma patria y, por encima de las diferencias ideológicas, abrazarnos bajo el mismo tricolor.
Compromiso democrático e institucional
El presidente anunció además que respetará la independencia de los poderes públicos en Colombia y prometió mantener una relación armónica y constructiva con el Congreso. Esta postura busca disipar temores sobre posibles confrontaciones con el poder legislativo durante su cuatrienio.
En su intervención pronunciada en el Cantón Militar Pichincha, prometió categóricamente que no convocará una asamblea constituyente para reformar la Constitución política. Con esta garantía, el jefe de Estado ratificó su respeto por el marco legal vigente y confirmó que entregará el Gobierno dentro de cuatro años, cumpliendo exactamente el período constitucional de su mandato.
