Cómo los sistemas de datos del Pnud ayudaron a evaluar el sismo y tomar decisiones
En momentos de desastre, la inmediatez y la precisión de la información salvan vidas. Tras el doble sismo de gran magnitud que sacudió a Venezuela el 24 de junio de 2026, el mayor desafío no fue la falta de recursos, sino la ausencia de datos certeros en medio del caos. Los números, por sí solos, no reconstruyen ciudades. Pero en los primeros días de un desastre, cifras sólidas y creíbles hacen algo igualmente importante: generan confianza.
A través de este análisis, realizado por Luis Francisco Thais, representante residente del PNUD en Venezuela, se exponen cómo la evidencia objetiva, sumada al trabajo coordinado del PNUD a nivel local y regional, fue parte fundamental para orientar la toma de decisiones críticas y sentar las bases de la recuperación en el país.
A continuación, el texto íntegro:
El 24 de junio de 2026, un doble sismo de gran magnitud sacudió Venezuela. En las primeras horas posteriores a un gran terremoto, lo más difícil de conseguir no es maquinaria, financiamiento o manos dispuestas a ayudar. Es información confiable. El área afectada era extensa, las condiciones sobre el terreno seguían evolucionando y las evaluaciones tradicionales de daños podían tardar semanas, e incluso meses, en completarse. Sin embargo, todas las decisiones críticas dependían de saber con precisión qué había ocurrido.
Esta es la historia de cómo los datos llenaron ese vacío y de todo lo que hicieron posible.
La primera respuesta: RAPIDA
A las pocas horas del terremoto, el PNUD activó RAPIDA, un sistema rápido de evaluación que integra imágenes satelitales, detección de daños mediante inteligencia artificial, modelos de intensidad sísmica, bases de datos de exposición y modelos de ingeniería en una única cadena de análisis. Su primera evaluación estuvo lista con la rapidez suficiente para ser compartida con las autoridades nacionales en cuestión de horas. Esa evidencia temprana, proporcionada en el momento en que la información confiable era más escasa, abrió la puerta para que el PNUD trabajara junto a las instituciones nacionales en la respuesta.
Nada de esto se hizo en solitario. Un sólido equipo de respuesta del Buró de Crisis y del Buró Regional para América Latina y el Caribe del PNUD trabajó junto con la oficina de país las 24 horas del día durante los primeros días de la emergencia.
El 26 de junio, el PNUD publicó el primer panorama nacional del desastre: una estimación de USD 6.700 millones en daños físicos directos, 8,6 millones de personas expuestas a temblores de intensidad moderada o superior, de las cuales 2,1 millones estuvieron expuestas a movimientos severos, y 1,7 millones de estructuras ubicadas en el área afectada.
Durante los primeros días posteriores al terremoto, este análisis proporcionó a las instituciones gubernamentales, al sistema de las Naciones Unidas y a sus socios una base común de evidencia para comprender la magnitud y la distribución geográfica de la emergencia.
Tres días después, el 29 de junio, RAPIDA dio respuesta a otra pregunta que nadie más podía cuantificar aún: los residuos. La estimación preliminar de 1,2 millones de toneladas de residuos, concentradas en las zonas más afectadas de La Guaira, se elaboró utilizando imágenes satelitales, inteligencia artificial, información sobre las edificaciones y supuestos de ingeniería. Cada informe incluía una advertencia clara: las estimaciones debían validarse mediante inspecciones en terreno.
A mediados de julio, a medida que se dispuso de imágenes de mayor resolución y se avanzó en la validación en campo, la cifra fue ajustada a 2,1 millones de toneladas. Éste es hoy el supuesto de trabajo que sustenta la planificación nacional para la gestión de residuos.


¿Por qué los datos abrieron puertas?
Los números, por sí solos, no reconstruyen ciudades. Pero en los primeros días de un desastre, cifras sólidas y creíbles hacen algo igualmente importante: generan confianza.
Cuando el PNUD puso sobre la mesa una base de evidencia rigurosa, transparente y producida con rapidez —que además reconocía sus propias limitaciones e invitaba a su validación— cambió la naturaleza de la conversación con los socios en Venezuela. El PNUD dejó de ofrecer un apoyo genérico para aportar algo que el proceso de recuperación necesitaba con urgencia y que no podía generar por sí solo: una visión operativa compartida.
Esa confianza se tradujo en algo concreto. La Vicepresidencia Sectorial de Obras Públicas y Servicios solicitó el apoyo del PNUD para elaborar su marco de recuperación, el Plan de Recuperación Digna, Segura e Inclusiva Posterior al Doblete Sísmico Severo en Venezuela, así como su instrumento operativo para la remoción de residuos, el Plan de Despeje Digno y Seguro.
Este trabajo se desarrolla junto con la Vicepresidencia Sectorial de Obras Públicas y Servicios, responsable de la arquitectura institucional del plan, y con los ministerios que constituyen su núcleo operativo: Obras Públicas, Transporte, Aguas, Energía Eléctrica y Hábitat y Vivienda. En coordinación con el Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo, el PNUD brinda asistencia técnica en materia de gestión de residuos y residuos, incluyendo análisis multicriterio para identificar ubicaciones adecuadas para los Centros de Disposición Temporal (CDT), donde los residuos puedan gestionarse, clasificarse y, cuando sea posible, reciclarse.
Los productos generados por RAPIDA alimentaron directamente ambos planes: permitieron priorizar municipios e infraestructura crítica, orientar el despliegue de equipos de ingeniería y estimar el volumen y la ubicación de los residuos de demolición para apoyar el Plan de Despeje Digno y Seguro.
Los datos abrieron la puerta. La alianza atravesó esa puerta y llegó a la mesa donde se diseñó la recuperación.
De los satélites a las calles: el programa de drones
RAPIDA respondió qué había ocurrido a escala nacional. La siguiente pregunta era mucho más específica: ¿cuál es el estado de este edificio, esta calle o este barrio?
A comienzos de julio, el PNUD y el Gobierno iniciaron misiones con drones sobre las zonas prioritarias identificadas por RAPIDA. Lo que comenzó como un ejercicio de cartografía evolucionó hasta convertirse en un componente operativo fundamental para la recuperación. Los levantamientos con drones generan hoy ortomosaicos, nubes de puntos y modelos bidimensionales y tridimensionales detallados de los barrios afectados, transformando estimaciones a nivel municipal en información precisa para cada edificio. En estos modelos, cada estructura puede incorporar su propia categoría de daño, estado de inspección y evaluación de reparabilidad.
Los drones hacen mucho más que fotografiar la destrucción. Combinados con inteligencia artificial, permiten cuantificar los volúmenes de residuos. El siguiente paso será utilizar la IA para clasificar esos residuos en categorías como concreto reciclable, metales, madera, residuos mixtos y materiales peligrosos, en coordinación con el Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo.
La información generada por los drones también ayuda a identificar ubicaciones adecuadas para los CDT y a modelar las rutas que seguirán los camiones durante la futura remoción de residuos. Gracias a vuelos periódicos, el programa permitirá al Gobierno monitorear semanalmente el avance de las operaciones una vez que comiencen las labores de despeje.
Lo más importante es que el objetivo es dejar instalada esta capacidad dentro de las instituciones venezolanas, comenzando por el Ministerio del Poder Popular para Obras Públicas. La meta es que el país afronte su próxima emergencia con estas herramientas y capacidades ya incorporadas.
MENTE: de la evaluación a la inteligencia
A mediados de julio comenzó a tomar forma una visión más amplia. Las imágenes satelitales, los levantamientos con drones, los análisis de inteligencia artificial, las inspecciones de ingeniería y las bases de datos gubernamentales estaban generando evidencia valiosa, pero cada flujo de información seguía funcionando de manera relativamente independiente. El siguiente paso era integrarlos.
Ese paso es MENTE: Modelado y Evidencia para una Recuperación Temprana de Nueva Generación Impulsada por la Tecnología.
MENTE no es otra herramienta de evaluación. Es la plataforma que integra todas las capas de evidencia en un gemelo digital del territorio afectado, actualizado de forma continua: un modelo vivo de la recuperación que los responsables de la toma de decisiones pueden consultar y utilizar para simular alternativas.
¿Qué carreteras deberían reabrirse primero? ¿Dónde deberían trabajar mañana las brigadas de remoción de residuos? ¿Qué reparaciones permitirían restablecer los servicios esenciales para el mayor número posible de personas? ¿Qué escuelas pueden reabrir con seguridad?
Si RAPIDA fue una fotografía, MENTE es una película. Convierte la estrategia nacional de recuperación en un proceso de gestión vivo y basado en evidencia, en lugar de un documento de planificación estático. Acompaña la implementación del Plan de Recuperación Digna, Segura e Inclusiva y del Plan de Despeje Digno y Seguro desde los primeros días de la emergencia hasta la reconstrucción. Posteriormente permanecerá en manos del Gobierno, fortaleciendo la capacidad nacional para gestionar futuros desastres.


Lo que los datos hacen posible: complementariedad a lo largo de toda la respuesta
La misma base de evidencia está generando valor mucho más allá de las evaluaciones iniciales, conectando distintos componentes de la respuesta que, de otro modo, avanzarían por separado.
Está tendiendo un puente entre la acción humanitaria y la recuperación temprana. Mientras las agencias de las Naciones Unidas movilizaban rápidamente sus capacidades en salud, albergue, alimentación, agua y otros sectores, los datos permitieron que el Gobierno atendiera la emergencia humanitaria y comenzara simultáneamente a planificar la recuperación temprana, en lugar de hacerlo de forma secuencial.
Los residuos son el ejemplo más claro. Comprender su volumen, ubicación y composición conecta las condiciones de la emergencia con las de la recuperación, y el Plan de Despeje Digno y Seguro está estableciendo el marco operativo para esa transición.
Las imágenes también respaldan las evaluaciones en terreno destinadas a determinar qué viviendas pueden ser habitadas nuevamente por las familias, cuáles requieren rehabilitación y cuáles deben demolerse. Ese análisis permite reducir el número de personas que requieren asistencia humanitaria, al tiempo que define la carga de trabajo de la recuperación temprana a partir de una única base de evidencia. Detrás de cada evaluación hay una familia esperando saber si podrá volver a dormir con seguridad en su hogar.
La evidencia también ayuda a transformar necesidades en recursos. Gracias a que las cifras eran sólidas, trazables y se actualizaban de manera continua, el PNUD pudo elaborar rápidamente informes, propuestas y materiales técnicos de alta calidad. Esto permitió presentar, con base en evidencia, argumentos sólidos a los socios para impulsar la recuperación temprana y sentar las bases para apoyar las operaciones de gestión de residuos cuando éstas comiencen.
Esa misma evidencia se utilizará para decidir sobre la inversión en la recuperación. El Gobierno de Venezuela ha activado formalmente la Evaluación de Necesidades Post-Desastre (PDNA, por sus siglas en inglés), mediante la cual se cuantificarán los daños, las pérdidas y las necesidades de recuperación para estructurar el financiamiento de la reconstrucción. En lugar de comenzar desde cero semanas después del desastre, la PDNA de Venezuela contará desde el inicio con una base de evidencia estructurada, georreferenciada y progresivamente validada que ha venido construyéndose desde el mismo día del terremoto.
Ese es el poder de los datos: no como un fin en sí mismos, sino como la moneda de la confianza, la base para establecer prioridades y el hilo conductor que une, sin interrupciones, el primer paso de un satélite sobre el territorio al diseño de la estrategia de inversión para la recuperación.
Los satélites detectaron los daños. La evidencia abrió la puerta. Detrás de esa puerta, el Gobierno y sus socios están construyendo algo mucho más grande que una evaluación: un sistema nacional de inteligencia para la recuperación tras terremotos, creado en respuesta a esta crisis, pero diseñado para perdurar mucho más allá de ella.
