21 julio, 2026
La prioridad es Venezuela - Últimas Noticias

El año 2026 quedará registrado en los anales de la historia contemporánea como el período en que la resiliencia de la República Bolivariana de Venezuela fue puesta a prueba bajo las presiones más extremas, tanto de la geopolítica imperial como de las fuerzas de la naturaleza.

Lo vivido este año no es un hecho aislado, sino la agudización de un asedio sistemático contra la tierra del Libertador Simón Bolívar. Sin embargo, la respuesta interna que se vislumbra abre un nuevo capítulo de madurez política y pragmatismo patriótico.

El panorama reciente ha sido profundamente lamentable. Al ya criminal esquema de medidas coercitivas unilaterales, bloqueos financieros y congelamiento de activos soberanos se sumaron agresiones de una gravedad inédita.

El secuestro de la pareja presidencial representó no solo una afrenta directa a la dignidad nacional, sino una violación absoluta de las normas elementales de la diplomacia y el derecho internacional público, ejecutada bajo la lógica imperial de que el orden global se rige por la fuerza y no por las leyes.

Por si fuera poco, el pasado 24 de junio la geografía nacional sacudió el suelo patrio con un doble terremoto que dejó profundas heridas humanas y materiales. En cualquier otra latitud, una catástrofe natural de esta magnitud habría despertado la solidaridad automática de los organismos financieros internacionales.

En el caso de Venezuela, el bloqueo imperial intentó actuar como una mordaza para impedir la llegada fluida de ayuda humanitaria y financiamiento para la reconstrucción, demostrando la faceta más inhumana de la doctrina de dominación de EEUU.

El anuncio de que a partir del próximo 1 de agosto de 2026 se instalará una mesa de trabajo bipartita que reunirá a los integrantes de la anterior Asamblea del 2015 con los diputados de la Asamblea Nacional vigente es un hito de enorme envergadura jurídica y política.

Este hecho demuestra que, ante la amenaza existencial contra el Estado-nación, la soberanía se defiende mediante “la unidad en la diversidad”. Es el retorno a la política con mayúsculas; el reconocimiento mutuo de las fuerzas institucionales para salvaguardar la paz.

La agenda acordada es de una claridad meridiana y responde al clamor del pueblo venezolano: reconstrucción de las zonas afectadas, ingreso económico de los trabajadores, optimización de servicios públicos, fortalecimiento de la educación y la salud, atracción de inversiones y generación de empleo.

Por encima de las legítimas diferencias ideológicas, la consigna que debe normar el debate de la nueva arquitectura parlamentaria es una sola, ineludible y categórica: hoy, mañana y siempre, la prioridad es Venezuela.

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