Pitbull: cuando el perro muerde la mano que le da de comer
El pasado viernes 29 de mayo el sector Las Tunitas de Catia La Mar, en La Guaira, se convirtió en el escenario de un evento que sacudió al país. Jorman José Aguilera Escalona, un joven de 29 años, murió al ser atacado por su propio perro pitbull. Lo que comenzó como un paseo cotidiano las primeras horas del día terminó en tragedia cuando el animal vio a una estudiante, se alteró, se soltó y corrió atacarla. Al darse cuenta del peligro, Jorman corrió tras su mascota y se interpuso entre ella y la joven para detener el ataque del perro, logrando salvar a la muchacha, quien sufrió mordeduras leves atendidas en la Clínica Popular de Catia La Mar.
En medio de la confusión, el pitbull entró en un estado de alteración tan fuerte que no reconoció a nadie. El animal perdió el control por completo, desconoció a quien lo crio desde cachorro y lo atacó, mordiéndolo en el cuello hasta afectarle de gravedad la vena yugular. La gravedad de la mordedura hizo que el joven perdiera una gran cantidad de sangre, dejando un rastro en el suelo justo a las puertas de su casa, donde terminó el ataque.
Mientras Jorman se encontraba herido de gravedad, los vecinos de Las Tunitas intervinieron de inmediato para arrastrar al perro y meterlo dentro de la vivienda. El joven fue trasladado de urgencia a la Clínica Popular de Catia La Mar; pero, a pesar de que ingreso con vida en el centro de salud y fue atendido por el personal de guardia, los esfuerzos resultaron insuficientes. Jorman falleció a los pocos minutos desangrado, dejando afectada a la comunidad y encendiendo un debate local y nacional sobre la presencia y el peligro de estos animales en el sector.
El choque entre el instinto salvaje y la calle desprotegida
Esta historia pone en evidencia dos discusiones. Por un lado, la psicología animal explica este comportamiento con un fenómeno llamado «agresión redirigida» la cual ocurre cuando un perro está enceguecido por morder a su objetivo y alguien lo frena a la fuerza. En pleno confusión, la frustración extrema y la alteración en los niveles de adrenalina hacen que el animal ataque a lo primero que tenga enfrente, aunque sea su propio dueño. En ese segundo de alteración, el instinto anula el cariño.
Detrás del imponente físico de un pitbull, un rottweiler o un mastín inglés, se evidencia una realidad preocupante por toda Venezuela. Esta ola de ataques dejó de ser un hecho aislado para convertirse en un problema de seguridad ciudadana. Desde las playas del oriente del país hasta los páramos andinos, las muertes de los más vulnerables —adultos mayores y niños— dejan al descubierto un vacío peligroso provocado por el descuido humano.
Los estudiosos del comportamiento animal demuestran que más de la mitad (56%) de la conducta de una mascota depende de cómo se le eduque en el hogar. El objetivo no es agarrarla contra una raza específica, sino aceptar que la irresponsabilidad en la calle y el desinterés de las instituciones están logrando que el mejor amigo del hombre termine por morder la mano que le da de comer.
El dilema del pitbull
Los recientes incidentes han reabierto con fuerza el debate nacional sobre la seguridad ciudadana y el control de ciertas razas caninas en el país. A pesar de que la legislación venezolana contempla restricciones severas desde hace más de una década, la realidad en las comunidades demuestra una brecha profunda entre la norma escrita y la práctica diaria de los ciudadanos. Esta situación ha generado un clima de polarización entre quienes exigen mano dura y quienes defienden a los animales.
La discusión actual no solo divide a la opinión pública, sino que también enfrenta visiones muy distintas entre quienes tienen experiencia en la crianza de mascotas y quienes miran el problema desde afuera. Mientras un sector importante asocia el comportamiento del animal estrictamente a factores genéticos y raciales, los cuidadores y defensores de los animales sostienen que la educación, el entorno y la responsabilidad de los dueños son los verdaderos detonantes de la agresividad.
Para profundizar en cómo conviven estos diferentes puntos de vista en la sociedad actual, recomendamos revisar los resultados del estudio de Datos ÚN. Este análisis demográfico revela cifras clave sobre el miedo colectivo, la disposición a la convivencia y la marcada preferencia de la población hacia una regulación controlada en lugar de una prohibición absoluta.
Los casos que conmocionaron al país
Los ataques de perros grandes no son casos aislados ni ocurren únicamente en un rincón lejano. Los reportes demuestran que esta realidad golpea con la misma crudeza en un caserío del interior o en plena capital, dejando a su paso historias que cortan la respiración.
Pesadilla en los Andes
Poco antes de lo ocurrido en La Guaira, las alarmas se encendieron en San Juan de Lagunillas, estado Mérida. La tarde del jueves 31 de julio de 2025, Eva María Cárdenas de Peña, una adulta mayor de 83 años, entró a la casa de un conocido. Nadie imaginó que en el patio la esperaba una jauría enfurecida: un mastín inglés, un bulldog y un cruce de pitbull con labrador.
Según el periodista Jordin Morales, los animales estaban amarrados, pero por razones que la justicia aún investiga, lograron soltarse y arremetieron salvajemente contra la anciana. La gente de la zona corrió para rescatarla y la llevaron volando al Hospital Universitario de Mérida. Trágicamente, tras pasar largas horas sufriendo una terrible agonía, la señora Eva falleció la madrugada siguiente.
Tragedia en Playa El Agua
Años atrás, el terror sacudió al estado Nueva Esparta. El lunes 30 de agosto de 2021, María Elisa Briceño, de 73 años, pasaba sus días en una casa cerca de Playa El Agua. Al salir al patio, dos pitbulls se le fueron encima de la nada. Los testigos contaron que los gritos de auxilio de la mujer eran desgarradores mientras los canes le destrozaban los brazos y la cara. Aunque los vecinos hicieron lo imposible por auxiliarla, la abuela llegó sin signos vitales al centro asistencial. La Fiscalía abrió una investigación penal para determinar mediante la autopsia si los mordiscos fueron la causa directa de la muerte o si ocurrieron después, aunque todo apuntaba a un ataque letal.
El caso Catia: perseguido por tres rottweilers
Caracas tampoco se escapa. El 28 de julio de 2020, el peligro caminaba suelto por las escaleras de Catia. Ángel Bellorín Salazar, un niño de apenas 13 años, salía de su hogar cuando tres imponentes rottweilers se le abalanzaron para cazarlo. Lleno de pánico, el niño corrió con todas sus fuerzas para salvarse, pero en la huida tropezó y sufrió una caída fatal que le causó un golpe severo en el cráneo, perdiendo la vida en el acto. La rabia en la cuadra estalló cuando el dueño de los animales se lavó las manos, defendió a capa y espada a sus mascotas y se negó a ponerles control, dejando en la calle un amargo sabor a injusticia.
¿Qué se esconde detrás de un pitbull?
Detrás del imponente físico de un pitbull hay una realidad biológica difícil de esquivar: su origen responde a siglos de cruces selectivos en Europa para la guerra y las arenas de pelea. Esa herencia les dotó de una fuerza descomunal y una mandíbula letal. Para la médica veterinaria integrativa Nadyleyd Álvarez, aunque muchos ejemplares son cariñosos, la mayoría resguarda un instinto primitivo de caza. Cuando el estrés se dispara, el animal pierde el autocontrol y activa un chip subconsciente donde el humano deja de ser el dueño para convertirse en su presa, haciendo que los mimos desde cachorro se queden cortos ante un estallido de furia.
Daniela Espina Rubio, también médica veterinaria, explica que esa marca en el ADN no se quita con nada. A diferencia de otras razas grandes, con el Pitbull se potenciaron los ejemplares que buscaban el cuello de la víctima para liquidarla. Es una psicología salvaje, muy cercana a la del lobo, que no entiende de amor humano sino de jerarquías, dominancia y sumisión en la manada. El peligro empieza cuando los dueños confunden el cariño con debilidad, dándole alas al animal para creer que él manda en la cuadra.
Al cruzar los testimonios de las expertas, queda claro que las tragedias no son culpa exclusiva del perro, sino de la tremenda ignorancia humana sobre el comportamiento canino. Gestos tan normales como darle comida de frente, correr a saludarlo apenas lo pide o dejar que te ponga las patas encima, le mandan un mensaje equivocado: que él es el rey de la casa. Si surge una emergencia y el dueño intenta plantarse firme para frenar al animal, este no muerde por maldad o desconocimiento, sino usando la única herramienta que tiene a la mano para corregir al «subalterno»: sus colmillos. Para frenar estos dolorosos accidentes, Espina Rubio insiste en que hay que dejar de humanizar a las mascotas y aplicar pautas de adiestramiento estrictas que dejen claro quién lleva las riendas.
“El verdadero enemigo es la ignorancia, no la raza”
La comunidad de propietarios y defensores de los perros pitbull de Caracas se ha pronunciado frente a las crecientes políticas de restricción que buscan vetar a estos animales de espacios de entrenamiento y socialización. A través de un comunicado, la organización Pitbull Caracas Club manifestó su absoluto rechazo a las medidas de exclusión adoptadas por academias de perros locales, argumentando que prohibir la entrada a ejemplares de tipo «bull» promueve una campaña de estigmatización y prejuicio social. Para el colectivo, un lamentable e incidental altercado reciente en La Guaira ha sido instrumentalizado de manera amarillista por la opinión pública, juzgando injustamente a miles de familias responsables por un hecho completamente aislado.
La organización insiste en que la verdadera labor de los profesionales de la conducta canina debe centrarse en educar, guiar y solucionar de forma personalizada, en lugar de segregar deliberadamente por motivos de raza. En este sentido, hacen un llamado urgente al gremio de entrenadores en Venezuela para trabajar desde la ética y la inclusión individual de cada mascota. Asimismo, proponen que, si el foco prioritario es garantizar la seguridad pública, las instituciones deberían fomentar herramientas de control verdaderamente eficaces como la esterilización y la castración responsable, en lugar de cerrarle las puertas a los animales y dueños que más requieren de una correcta orientación y socialización.
Negligencia y salud pública: Un problema sistémico
La documentación de estos casos demuestra que el fenómeno de los ataques caninos en Venezuela va más allá del temperamento individual de una mascota; se trata de una eventual crisis de salud pública y seguridad ciudadana de carácter sistémico, alimentada por la inacción de las instituciones y el abandono animal.
Un patrón observado con recurrencia en las crónicas de ataques es la total falta de respuesta oportuna por parte de las autoridades civiles y policiales ante las alertas formales emitidas por las comunidades. Un ejemplo nítido de esta negligencia ocurrió el 2 de enero de 2021 en el municipio Baruta del área metropolitana de Caracas. Dentro de un ascensor del edificio Campomanes, ubicado en la urbanización Santa Fe Sur, un perro de raza pitbull atacó mortalmente a un perro de raza yorkshire de 7 años de edad que se encontraba en los brazos de su dueño esperando el ascensor.
Tras la muerte del pequeño animal, los residentes del edificio denunciaron públicamente que ese representaba el tercer ataque violento protagonizado por el mismo ejemplar de pitbull dentro de las áreas comunes de la residencia. A pesar de los reclamos y el peligro latente para los copropietarios, las autoridades locales no habían atendido la situación ni habían tomado medidas correctivas o restrictivas previas contra los dueños del canino, permitiendo que la conducta agresiva del animal escalara hasta un desenlace fatal.
El fenómeno de las manadas callejeras
La problemática de las agresiones caninas en el territorio nacional no se restringe exclusivamente a los ejemplares de raza pura o a animales con propietarios identificables. El abandono masivo de animales domésticos ha generado una crisis paralela en el control de fauna urbana, caracterizada por la conformación de jaurías asilvestradas —volverse salvaje un animal doméstico— en espacios públicos.
En diciembre de 2020, en el municipio Diego Bautista Urbaneja del estado Anzoátegui, las alarmas se encendieron debido a los ataques sistemáticos perpetrados por una inusual manada de hasta diez perros que merodeaban en las zonas turísticas. El 8 de diciembre de ese año, una vecina identificada como Liudmila Lamas caminaba por la Playa Los Canales cuando fue embestida y acorralada por este grupo de perros callejeros.
El ataque le provocó heridas de extrema gravedad en las extremidades, caracterizadas por venas abiertas, desgarros profundos y una severa pérdida de sangre que ameritó su traslado de urgencia a un centro asistencial. Ese mismo día, otra ciudadana fue atacada bajo la misma modalidad en las inmediaciones y debió ser ingresada a la clínica municipal. Estos hechos evidencian que el control de la población canina desatendida constituye una deuda institucional acumulada en materia de saneamiento y seguridad ambiental.
Marco legal y tenencia responsable en Venezuela
Venezuela cuenta con un marco regulatorio específico para abordar esta materia: la Ley para la Protección de la Fauna Doméstica Libre y en Cautiverio Gaceta Oficial número 39.338 en enero de 2010. Este instrumento jurídico tiene como objeto fundamental regular la propiedad, el manejo, el control y la convivencia armónica entre los seres humanos y los animales domésticos en todo el territorio nacional. La práctica cotidiana demuestra la existencia de una profunda brecha entre la letra de la ley y su efectivo cumplimiento por parte de la ciudadanía y los órganos coercitivos del Estado.
Y es específico en su artículo 33 al condicionar la tenencia de caninos pitbull, terrier americano, bull terrier staffordshire, terrier americano staffordshire y todos sus mestizajes.
Esta prohibida la tenencia de pitbulls dede 2014
La misma Ley para la Protección de la Fauna Doméstica Libre contempla la prohibición absoluta de poseer un ejemplar pitbull a partir del 31 de diciembre de 2014, fecha estipulada en la tercera disposición transitoria.
¿Qué pasa a nivel legal cuando la mascota de un vecino hiere a alguien en la cuadra?
Aunque los códigos no detallan los años de cárcel o las multas exactas para los dueños descuidados, en el país existen caminos institucionales definidos para actuar. El primer paso, y el más importante, es acudir en persona a poner la denuncia formal ante las autoridades. De nada sirve armar un escándalo en redes sociales o subir un video a X (Twitter); los expertos recuerdan que los descargos digitales no tienen validez legal. Si el afectado no da la cara en una comisaría o delegación animal, la justicia simplemente no se mueve.
Caminar por la calle con un perro de gran potencia física no es un juego, y ver que un animal se suelta de la nada expone la fragilidad de cualquier transeúnte. Los especialistas insisten en que urge exigir el uso de bozales adecuados a su hocico y correas reforzadas. Pero el verdadero cambio está en entrenar al dueño para controlar momentos de altísimo estrés. Al final del día, si más de la mitad de la conducta de un perro depende de la crianza que recibe en casa, cualquier desastre que cause el animal se convierte en una responsabilidad legal directa e indivisible de su tutor. Si tu perro muerde, legalmente respondes tú.
Un llamado a la conciencia colectiva
Revisar con cabeza fría las tragedias ocurridas en La Guaira, Mérida, Nueva Esparta, Anzoátegui y Caracas expone una realidad desgarradora: quienes terminan pagando los platos rotos de la irresponsabilidad humana son los más vulnerables de nuestras familias, como los adultos mayores y los niños, o los mismos dueños atrapados por la furia de sus mascotas.
Las muertes de Jorman Aguilera, Eva Cárdenas, l María Briceño y Ángel Bellorín no pueden quedar como simples noticias de sucesos. Estas muertes llaman responsabilidad civil que significa meter en la casa a un animal con semejante fuerza física.
Los médicos veterinarios coinciden en algo: perseguir o querer desaparecer a razas como el pitbull, el rottweiler o el mastín no arregla nada. Ellos tienen músculos y mandíbulas imponentes, pero no nacen con maldad en la cabeza. La raíz del problema está en la crianza descuidada, el encierro forzado, los entrenamientos salvajes para volverlos bravos y el total desinterés de las alcaldías que ignoran las alertas de los vecinos en las barriadas.
Para frenar esta amenaza en la cuadra, toca meterle el pecho a una fiscalización real de la ley de protección animal, armar censos obligatorios para registrar a estos ejemplares fuertes, exigir talleres de adiestramiento a los dueños y darles recursos a los refugios de control antes de que ocurra una desgracia.
Tener una mascota implica equilibrar el cariño con el control de su instinto. Toca mirarnos al espejo y asumir nuestra culpa. Solo con educación ciudadana, normas claras de convivencia en la comunidad y castigos penales duros para los dueños negligentes lograremos que el perro vuelva a ser el protector del hogar. Mientras tanto, en los callejones de Las Tunitas queda flotando el recuerdo valiente de Jorman Aguilera, un joven que dio su propia vida en plena calle para salvar a una muchacha del ataque de su “mejor amigo”.
