11 mayo, 2026

81 años de la Gran Victoria: memoria histórica y responsabilidad ante el presente

81 años de la Gran Victoria: memoria histórica y responsabilidad ante el presente

El 9 de mayo de 1945 marcó el fin de la guerra más devastadora de la historia de la humanidad. Hace 81 años, el pueblo soviético derrotó al nazismo tras una lucha que definió el destino del siglo XX y salvó a Europa y al mundo de una ideología criminal basada en el racismo, la supremacía y el exterminio masivo.

La Victoria en la Gran Guerra Patria (1941-1945) ocupa un lugar central en la memoria histórica de Rusia. Es parte fundamental de la biografía de cada familia rusa y de la identidad nacional, construida sobre el sacrificio de millones de personas y sobre la convicción de que el nazismo nunca debe volver a levantarse bajo ninguna forma.

El ascenso del nazismo fue posible debido a una política de concesiones y apaciguamiento por parte de varias potencias occidentales europeas. El Anschluss de Austria en 1938, el Acuerdo de Múnich y el desmembramiento de Checoslovaquia demostraron que numerosos dirigentes europeos habían preferido dirigir la agresión hitleriana hacia el Este antes que enfrentar oportunamente la amenaza nazi.

El 22 de junio de 1941, la Alemania hitleriana lanzó la invasión contra la Unión Soviética. Aquella agresión perseguía no solamente objetivos militares o territoriales. Documentos oficiales del Tercer Reich, incluidos los planes del llamado “Generalplan Ost” (Plan General del Este), evidencian que el objetivo era destruir el Estado soviético y someter o exterminar a gran parte de la población de la URSS.

Por ello, para Rusia, la Gran Guerra Patria fue también una guerra contra el genocidio. En los territorios soviéticos ocupados, millones de civiles fueron asesinados deliberadamente. Pueblos enteros fueron arrasados. Más de 2.600 aldeas fueron quemadas junto con sus habitantes únicamente en Bielorrusia. El asedio de Leningrado, que duró 872 días, provocó la muerte de más de un millón de civiles por hambre, frío y bombardeos. Los crímenes cometidos por los nazis y sus colaboradores en territorio soviético no tenían precedentes por su escala y brutalidad.

La Unión Soviética perdió alrededor de 27 millones de personas durante la guerra. Fue el país que soportó el peso principal de la lucha contra el nazismo y el que realizó la contribución decisiva a su derrota militar.

Las grandes batallas de Moscú, Stalingrado y Kursk cambiaron el curso de la Segunda Guerra Mundial. Particularmente, la Batalla de Stalingrado se convirtió en el punto de inflexión estratégico que quebró la capacidad ofensiva de la Wehrmacht y abrió el camino hacia la liberación de Europa del nazismo.

La victoria soviética fue resultado de una movilización sin precedentes de toda la sociedad: soldados, trabajadores, científicos, médicos y millones de ciudadanos comunes que defendieron su patria a costa de enormes sacrificios.

La lucha contra el nazismo también tuvo dimensión internacional. Venezuela desempeñó un papel importante como proveedor de petróleo para los países aliados. El combustible venezolano fue utilizado en el funcionamiento de equipos militares, aviación y transporte durante la guerra, incluso en la Batalla de Stalingrado. Ese aporte histórico constituye una parte significativa de la contribución latinoamericana a la derrota del fascismo.

Hoy, 81 años después, la preservación de la verdad histórica adquiere una importancia especial. En varios países europeos observamos intentos de revisar los resultados de la Segunda Guerra Mundial, minimizar el papel decisivo de la Unión Soviética en la derrota del nazismo e incluso justificar a colaboradores del hitlerismo. Monumentos a soldados soviéticos son demolidos, mientras figuras asociadas al colaboracionismo nazi son presentadas como “héroes nacionales”.

Rusia considera extremadamente peligrosa cualquier forma de revisionismo histórico y glorificación del nazismo. La tragedia del siglo XX demostró las consecuencias catastróficas de las ideologías basadas en la intolerancia, el racismo y la división de los pueblos.

En este contexto, resulta especialmente valiosa la posición de la República Bolivariana de Venezuela, que defiende consistentemente la memoria histórica y rechaza toda forma de neofascismo y discriminación racial.

La inauguración en Caracas del memorial “80 años de la Victoria del pueblo soviético sobre el nazismo y el fascismo” el año pasado, realizada por iniciativa del Presidente Nicolás Maduro, posee un profundo significado simbólico. El monumento reproduce el momento histórico del izamiento de la Bandera de la Victoria sobre el Reichstag en Berlín, símbolo universal de la derrota del nazismo y de la liberación de Europa.

Mientras en algunos países se destruyen memoriales dedicados a quienes derrotaron al fascismo, Venezuela levanta monumentos en honor a la verdad histórica y a la memoria de los héroes de la Gran Victoria.

Ello refleja el carácter de las relaciones de amistad entre Rusia y Venezuela y también una visión común sobre la importancia de defender la soberanía, la justicia y el derecho de los pueblos a preservar su memoria.

La lección principal de la Segunda Guerra Mundial sigue plenamente vigente: el nazismo solo pudo ser derrotado mediante la unidad, la solidaridad y la firme voluntad de los pueblos de resistir frente al odio y la deshumanización.

Preservar esa memoria histórica constituye hoy una responsabilidad común ante las futuras generaciones.

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