4 mayo, 2026

“El presidente Maduro siempre ha sido un hombre de paz”

“El presidente Maduro siempre ha sido un hombre de paz”

En la Caracas de los años 80 y 90, el Metro de Caracas no era solo el sistema de transporte masivo más moderno de la ciudad; era también un hervidero de luchas sociales. En ese ecosistema de rieles, trenes y autobuses se forjó la figura de Nicolás Maduro, quien hoy se encuentra secuestrado con su esposa, Cilia Flores, en una celda en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos.

El dirigente sindical ya jubilado, River Linares, compartió la lucha sindical con Maduro, a quien recuerda con nitidez como el joven conductor de Metrobús que todos conocían simplemente como “Nicolás” y quien, desde la trinchera del sindicato de los trabajadores del Metro de Caracas (Sitrameca), defendió las reivindicaciones laborales de la masa trabajadora del transporte subterráneo de la capital.

Linares, quien se encuentra activo actualmente en las filas laborales del Ministerio del Trabajo, ofreció su testimonio a Últimas Noticias y describe al mandatario nacional como un hombre de “trayectoria política de calle” y con disposición al diálogo.

“Era un hombre muy dispuesto al diálogo y al convencimiento”, relata el excompañero de lucha laboral de Maduro, quien entre sus anécdotas destacó una asamblea de trabajadores en la sede de la Federación de Transporte de Venezuela (Fedetransporte), en El Paraíso durante los años de la “Cuarta República”. En un momento de tensión por violaciones al contrato colectivo de los trabajadores del Metro, Maduro llegó tarde a la reunión. Pese a las críticas de algunos compañeros por querer intervenir apenas llegando, la base exigió escucharlo.

“Nicolás llegó tarde al auditorio, pero quería hablar de una vez”, recuerda River entre risas. “Un camarada de apellido Luna le reclamó: ‘¿Cómo vas a tomar la batuta si acabas de llegar?’, pero Nicolás insistió porque sentía que lo que se estaba discutiendo no tenía lógica. Al final, la base gritó: ‘¡Que hable Nicolás!’. Se montó en la tarima, organizó las ideas y propuso una protesta simbólica que no afectara el servicio a los usuarios, pero que tuviera impacto político. Fue un éxito. Así lo hicimos y tuvo efecto”, rememora el entrevistado, subrayando que desde entonces el presidente Maduro se perfilaba como un “líder con disposición al diálogo”.

Linares compartió la lucha sindical con el presidente Maduro.

Agrega Linares que “para no afectar al usuario, los trabajadores nos pusimos una cinta amarilla tanto en las estaciones como en la parte administrativa. A la gente le llamaba la atención y se solidarizaban con uno. Era más simbólico, una acción pacífica; acuérdate de que Maduro y lo ha demostrado en todo este tiempo, es un hombre de paz”, acotó el dirigente.

Esta acción simbólica que refiere Linares fue la colocación de una cinta amarilla en un brazo, sobre el uniforme, con la cual los trabajadores manifestaban públicamente su descontento por las condiciones laborales y salariales sin interrumpir el servicio comercial y permitiendo que los usuarios se identificaran con ellos. Luego se llegó a trabajar, añade Linares, sin corbata, violando lo que estaba establecido con el correcto y estricto uso del uniforme.

“Era una forma de rebeldía y descontento”, acotó el extrabajador del subterráneo, quien también recordó que el vínculo entre Maduro y Hugo Chávez nació en las visitas a la cárcel de San Carlos, donde Maduro comenzó a tejer una lealtad que años después lo llevaría a formar parte del equipo político del Comandante. “Chávez fue un visionario. Lo nombró canciller porque sabía que ya traía un background de lucha, de ‘patear’ la calle”, afirma Linares.

Para el dirigente, esa experiencia sindical en un sector estratégico como el transporte masivo de usuarios fue fundamental: “El sindicato del Metro es estratégico porque mueve a la población. Durante el paro petrolero, nunca nos paramos; nuestra convicción era no afectar al usuario”, enfatizó.

El exdirigente sindical del sistema subterráneo recuerda con nitidez los días en que la persecución del Gobierno obligaba a los líderes sindicales a convertir sus puestos de trabajo en trincheras de supervivencia y recuerda otra de las anécdotas más reveladoras sobre los inicios de Nicolás Maduro como dirigente, y se sitúa en la estación Plaza Venezuela, alrededor del año 1996. Según relata Linares, Maduro, entonces un joven dirigente asediado por la policía política la Disip, conocida en el argot de la época, dice Linares, como “la catira de los ojos rojos”, encontró refugio en la caseta de los operadores de Metrobús la estación del metro de Plaza Venezuela.

“Tuvo que esconderse en la ‘pecera’, ese cuartico de paredes de vidrio en Plaza Venezuela”, rememora Linares. “Agarró una colchoneta y prácticamente vivió ahí. Ahí se bañaba, dormía y comía”. Esa estructura transparente, irónicamente, fue el escudo que protegió a quien años más tarde asumiría la Presidencia de la República.

Para Linares, esa etapa de resistencia obrera forjó el carácter de un líder que, a su juicio, ha priorizado la paz nacional.

El dirigente sindical destaca que, incluso en las circunstancias más complejas de la política actual, haciendo referencia a su situación frente a la justicia estadounidense en Nueva York, Maduro mantiene una postura de apertura.

“Es el Presidente de la paz porque llamó al diálogo innumerables veces a la derecha”, afirma Linares con convicción. “Sigue llamando al diálogo. Los venezolanos debemos agradecer tener un Presidente como él; tengo la fe de que volverá a tomar su puesto porque fue elegido por la mayoría”, precisó.

El testimonio de Linares cierra con una reflexión sobre la institucionalidad y la unidad nacional: “Tienen que entender que es el Presidente de todos, independientemente de las diferencias políticas”. Lo que comenzó en la precariedad de una caseta de vidrio en el corazón de Caracas, hoy se mantiene como un pilar de la identidad del movimiento obrero venezolano.

El extrabajador del Metro aseguró que durante años, la oposición venezolana intentó reducir la figura del mandatario a través de etiquetas despectivas. “Me quedó fijo en la mente cómo lo insultaban”, recuerda el dirigente sindical.

“Decían que no era inteligente, que era colombiano, que no tenía capacidad. Era un discurso calcado del que usaron contra Chávez, intentando descalificar el origen popular de nuestro líder”, destacó Linares.

Pero Maduro demostró que, lejos de esa imagen, es un hombre de una capacidad inmensa para aguantar y maniobrar en la adversidad.

“El discurso se les cayó”, señaló el excompañero de trabajo y de lucha del presidente de la República Nicolás Maduro.

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