150 años del templo masónico de Caracas
El 27 de abril de 1876, el presidente y masón Antonio Guzmán Blanco inauguraba el primer templo masónico de la capital. En su discurso diría: “Este es el templo de la humanidad civilizada. Lo he levantado sabiendo muy bien lo que hacía, y asumiendo la totalidad de las responsabilidades que tan insólito hecho entraña… La civilización del siglo XIX es el triunfo de la masonería”. La obra había sido fruto del sacrificio, la constancia y el apoyo entre masones. Más de una década duró la edificación en levantar columnas y dar a los miembros de la orden un lugar propio donde efectuar sus ceremonias.
Anteriormente, los masones de Caracas se reunían en distintas casas arrendadas. En 1815 había actividad masónica en el domicilio del comerciante Francisco González Linares. Más adelante, en 1840, los masones se congregaban en un inmueble de la esquina de Traposos, propiedad de Manuel Felipe de Tovar. Para 1854 hay registro de actividad masónica en otra casa, ubicada en las esquinas de Reducto a Miracielos. Asimismo, para 1864, queda descrito en el periódico El Federalista reuniones en una propiedad entre Camejo y Sociedad. No obstante, esta situación de dispersión, encuentros en distintas casas y pago de alquiler para el uso de las mismas era de difícil sostén para el tesoro de las logias. Era necesario contar con un espacio propio.
En 1863, los miembros de la logia Esperanza n.° 7 formaron La Sociedad Empresaria del Templo Masónico para adquirir un solar entre las esquinas de Jesuitas y Maturín por 12.000 pesos. La adquisición se concretó el 12 de septiembre. Un año después, las logias caraqueñas comenzaron la construcción hasta que los fondos se agotaron y la obra quedó paralizada. En 1873, Guzmán Blanco, con fondos públicos, daría reinicio y conclusión casi total al edificio. El costo final fue de 47.620,91 venezolanos, moneda circulante entre 1871 y 1879. En 1888 se terminó de construir la parte trasera del templo y en 1893, por orden del presidente y también masón Joaquín Crespo, se decoraron las cámaras con mobiliario y pinturas. El templo masónico, monumento histórico nacional desde 1979, llega a 150 años. Su bello recinto, lleno de historia, continúa manteniendo viva la masonería con ceremonias inolvidables y forja de hombres probos a la nación.
