28 abril, 2026
Pasos firmes y cautelosos - Últimas Noticias

En el complejo tablero de la geopolítica contemporánea, Venezuela se erige como el epicentro de una resistencia técnica y política sin precedentes. Como estudiosos de la soberanía nacional, debemos entender que la economía de un país bajo asedio imperial no puede analizarse con los manuales liberales. La gestión del ingreso nacional hoy no es solo un ejercicio de contabilidad pública, sino una maniobra de defensa integral de la nación.

El anuncio (y la prudencia) que rodea este próximo Primero de Mayo, bajo la consigna de “pasos firmes y cautelosos”, responde a una lógica de responsabilidad histórica. No se trata de una falta de voluntad, sino de una voluntad blindada contra el sabotaje.

La frase citada por la Presidenta (E) resuena con una verdad económica profunda: en una economía agredida, el populismo monetario es la carnada para el desastre y la “enfermedad” a la que se hace referencia es la espiral inflacionaria inducida, una herramienta de guerra no convencional donde los sectores oligárquicos, ante cualquier incremento de la liquidez, activan mecanismos de especulación para pulverizar el poder adquisitivo.

Un aumento salarial que no esté anclado a la capacidad de ingreso real y a la producción se convierte en combustible para que factores del mercado interno desaten una ola especulativa.

La soberanía económica venezolana descansa hoy sobre la recuperación estratégica de sus ventajas comparativas. El flujo de caja nacional depende de nuestra capacidad para colocar el petróleo, el gas y el oro en los mercados internacionales, superando el bloqueo de las rutas financieras.

La reactivación de la industria energética permite que el flujo de divisas sea previsible. Solo mediante un ingreso seguro y permanente se puede garantizar que el pago a las y los trabajadores sea sostenible. El oro actúa como la reserva moral y material que apalanca la estabilidad cambiaria frente a las agresiones externas contra el bolívar.

El esquema propuesto es claro: en la medida en que la arquitectura de exportación se fortalece frente a las sanciones ilegales, ese excedente se traslada al bienestar social, combinando el salario mínimo con bonificaciones de protección que sirven como un escudo contra la volatilidad.

Un “significativo” aumento salarial puede convertirse en un acto demagógico y la decisión debe ser “la más equilibrada y responsable”.

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