23 abril, 2026
Cantar a los 93 años

El sábado 17 de abril de 2026, una amiga morena cantante de jazz que vive en Madrid me llamó al celular. Estaba notoriamente angustiada. Me hablaba muy rápido, su voz se entrecortaba. Le pedí que se calmara. Después me contó que se quedó en la estación de metro Sol porque iba a hacer una diligencia. Cuando caminaba frente a la Real Casa de Correos, vio que el cantante blanco venezolano Carlos Baute alentaba a la multitud rubia con el grito de “¡Fuera la mona!”, en referencia a la presidenta encargada, la trigueña Delcy Rodríguez, la primera mujer en la historia patria que asume la máxima magistratura. Mi amiga, que no puedo decir su nombre porque las hordas rubias venezolanas apoyadas por la Falange pudieran arremeter contra ella, se sorprendió de ver tantos venezolanos “con los cabellos rubios y los ojos rubios y los dientes rubios”, como el hipotético nieto de Ligia Elena.

La multitud estaba ansiosa por oír a una vedette blanca venezolana conocida como la Sayona, a quien el alcalde de Madrid, el blanco José Luis Martínez-Almeida, el día anterior le entregó la Llave de Oro de la ciudad. A los pocos segundos me dijo: “¡Verga, me están viendo feo!” Colgó la llamada. Me quedé muy preocupado por su vida. A la hora me llamó. Me contó que tuvo que colgar porque tenía el presentimiento de que la querían linchar. Pensó en un momento en la suerte que corrió el moreno Orlando Figuera cuando una multitud blanca lo quemó en Altamira. El llanto interrumpió el diálogo. Le dije que se calmara. “¡Alí, me vi colgada como un fruto extraño en un árbol!”.

Le leí parte del discurso de Angostura de Simón Bolívar: “Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado; el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y este se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis: esta desemejanza trae un reto de la mayor trascendencia”. Cuando terminé de leer, se hizo el silencio. Me dijo: “¡Con razón es el Padre de la Patria, con razón nuestra República se llama bolivariana!” Al día siguiente me llamó. Me dijo que la pieza más aplaudida fue una que compuso Abel Meeropol en 1939 que cantaba la legendaria negra Billie Holiday: “Los árboles del sur dan frutos extraños: sangre en las hojas y sangre en la raíz, cuerpos negros balanceándose con la brisa del sur. Extraña fruta colgando de los álamos”.

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