Cómo los microplásticos afectan el crecimiento de plantas y llegan a los alimentos, según científicos
En un invernadero experimental, las plantas de tomate y trigo crecieron bajo condiciones controladas, pero el verdadero experimento no tenía que ver con fertilizantes o luz solar.
Los investigadores introdujeron en la tierra diminutas partículas invisibles a simple vista. El resultado sorprendió incluso a los expertos: los microplásticos y nanoplásticos presentes en el suelo agrícola no solo redujeron el crecimiento de los cultivos, sino que además penetraron en los tejidos de las plantas, abriendo la puerta a que estos contaminantes lleguen hasta los alimentos diarios. El hallazgo, liderado por el equipo de la Universidad de Griffith en Australia, fue publicado en la revista Environmental Science and Pollution Research.
La contaminación por microplásticos y nanoplásticos ya no es exclusiva de los océanos. La investigación dirigida por la doctora Shima Ziajahromi, del Instituto Australiano de Ríos, demostró que estos residuos plásticos se infiltran en los suelos agrícolas a través de biosólidos y residuos urbanos. “Nuestros resultados muestran que el suelo agrícola no es solo un depósito de plásticos, sino una vía directa a los sistemas alimentarios”, afirmó Ziajahromi.
Según el reporte, los experimentos utilizaron partículas plásticas envejecidas, con tamaños y concentraciones similares a los que existen actualmente en la agricultura. Esta aproximación realista permitió observar efectos concretos sobre cultivos habituales, como el trigo y el tomate.
Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), la mayoría de los plásticos no son biodegradables, sino que se fragmentan por erosión ambiental en partículas diminutas conocidas como microplásticos y nanoplásticos. Estas partículas pueden encontrarse en los alimentos, principalmente por la contaminación ambiental en los lugares de cultivo o cría, ha consignado la FDA.

Uno de los hallazgos más relevantes fue la disminución del desarrollo de las plantas expuestas a microplásticos. “Registramos una reducción en el crecimiento y el contenido de clorofila, lo que implica una menor capacidad fotosintética y, con ello, potenciales pérdidas en la producción de alimentos”, señaló Ziajahromi en el artículo científico. Los plásticos con forma de fibra, derivados principalmente de textiles sintéticos, generaron el mayor daño, especialmente en las plantas de tomate.
A su vez, los investigadores identificaron que las plantas atraparon las partículas más grandes de microplásticos en sus raíces, lo que limita su movimiento por el entorno, pero aumenta la acumulación alrededor del sistema radicular. Esta característica podría alterar la dinámica del suelo y la nutrición vegetal.
El estudio reveló que los nanoplásticos no solo permanecen en el suelo, sino que son absorbidos y transportados hacia el interior de las plantas. En el caso de los tomates, estos contaminantes alcanzaron incluso los tejidos foliares. “Detectamos que los nanoplásticos envejecidos pueden desplazarse desde las raíces hasta los tallos y hojas, mostrando una capacidad de penetración mucho mayor que los microplásticos”, detalló el informe de la Universidad de Griffith.

La combinación de microplásticos y nanoplásticos potenció la toxicidad observada, generando efectos aditivos o sinérgicos. De acuerdo con el equipo de Griffith, “estas mezclas fueron más perjudiciales para las plantas que las partículas individuales”.
La posibilidad de que los microplásticos y nanoplásticos lleguen a los alimentos acentúa la preocupación sobre la seguridad alimentaria. “Estos hallazgos demuestran que los plásticos pueden terminar en nuestros platos”, advirtió Ziajahromi. Estas partículas podrían ingresar en la cadena alimentaria, incrementando la exposición humana a contaminantes plásticos.
El estudio también plantea la necesidad de mejorar las prácticas de gestión ambiental y establecer regulaciones basadas en evidencia. Se requieren estrategias de mitigación y normas más estrictas para reducir los riesgos asociados a los insumos plásticos en la agricultura.
A diferencia de investigaciones previas, que emplearon concentraciones artificialmente altas o plásticos impolutos, el equipo de Griffith utilizó materiales y escenarios que reflejan la situación real de los sistemas agrícolas actuales. Esto refuerza la urgencia de políticas públicas que aborden la contaminación plástica desde la producción hasta el consumo.
“Estos resultados presentan riesgos potenciales para la seguridad alimentaria, lo que subraya la necesidad de nuevos enfoques regulatorios basados en escenarios reales de exposición al plástico”, concluyó la doctora Ziajahromi.
por INFOBAE
