19 abril, 2026

Elogio del ícono de la Fundación Cinemateca Nacional de Venezuela                            

Elogio del ícono de la Fundación Cinemateca Nacional de Venezuela                            

No sé si fue en horas de la tarde o de la noche de 1895, cuando los hermanos Lumiere en Francia, se hicieron divinos y sagrados cómplices de aquel sueño hecho realidad; donde la vida se hizo ilusión perdurable en la pantalla de aquel tiempo: ¡Nace el cine! Lo cierto es que, también los hermanos Trujillo Durán retomaron la secuencia de la imagen en movimiento en Maracaibo, 1897; y así, comienza entonces ese asunto indetenible en nuestro país, como lo es la vida viajando en las pantallas de los sueño y las ilusiones; es decir, hacia otra manera de contar una historia.

Y Charles Chaplin sin palabras se hizo ícono de una dramática y humorística  gestualidad que conmovió al mundo. ¡Qué asombrosos son los nacimientos! Pero, más asombroso fue vernos allí, en la naciente pantalla que reflejó aquello, que de otra manera no pudo ser dicho ni reflejado, surge entonces el cine como algo mágico que dice y nombra lo innombrable; con imágenes que se nos quedaron y se nos quedan para siempre, moviéndose y transfigurándose, en las imborrables pantallas de nuestra memorias.

Esa invención que sigue siendo el cine, nos inventa cada día, fusionándonos y uniéndonos a la luz y la sombra, en sus difuminaciones y contrastes; también a los colores de oníricas y lúdicas lumbres, que no son otros sino los del universo de las formas, haciéndose en la vida que nos nombra, desde siempre, en constantes movimientos y simbiosis, que no permiten quietudes, ni olvidos; menos aún, los esteticismos  de paralizantes indiferencias. Pues, somos aquellos, los que de maneras prolíferas, imaginativas y diversas: caminan por las calles del celuloide; por las avenidas 35 milímetros de los nitratos y triacetatos de soportes cinematográficos; resistiendo la vulnerabilidad de la vida en su transcurrir signado por inclementes fugacidades.

Y aquí estamos y por allí andamos, en los rollos de gestos y voces desafiando los rigores de las desapariciones y las abrumadoras ausencias. Y en esos desafíos e insoslayables perseverancias: Edgar Anzola, fotógrafo y humorista, forma parte sustancial del primer largometraje silente venezolano “La dama de las cayenas” (1913) de Enrique Zinnmerman y Lucas Manzano; y en 1924 junto a Jacobo Capriles, produjo la película “La trepadora” basada en la novela de Rómulo Gallegos. Y Amàbilis Cordero desde Lara nos dejó “Los milagros de la Divina Pastora” (1928); y en aquella humilde casa de adobe y tejas rojas de la ciudad de Barquisimeto, ocurre otro milagro, cuando funda en esa ciudad: “El Centro de Estudios Cinematográficos Lara”.

¡Ah! “Venus de nácar”, primera película sonora en Venezuela realizada por Efraìn Gòmez (1932). Y cómo olvidarte “Taboga”, cortometraje dirigido por Rafael Rivero Oramas (1938); “El rompimiento” (1938); “La balandra Isabel llegó esta tarde” (1950); “Caìn adolescente (1959); “Araya” (1959) y pare de contar… Y qué hacer, entonces, con tantas historias que esperan ser contadas y compartidas, en la pantalla de espectaculares asombros y deslumbramientos; pantalla difusora y divulgadora del gran milagro del siglo XX: ¡El cine! Pues, allí, con entrañable empeño, así, como para realizar un nuevo largometraje sobre inolvidables acontecimientos; se disponen las butacas de una sala en 1966, para propiciar el apasionante y emotivo encuentro, entre proyecciones luminosas y silenciosos espectadores: La Cinemateca Nacional de Venezuela.

A manera de introducción hemos hechos estos comentarios para acercarnos a una lectura del libro: “Elogio del ícono”, publicación que hace La Cinemateca Nacional de Venezuela en sus 35 años de labor institucional, Impreso por Editorial Arte, Caracas, 2001. Edición y Coordinación editorial: Manuel Silva Ferrer y Teresa Casique. Fotografías: Archivo de la Cinemateca, Edgar Moreno y Jesús Sosa. Diseño Gráfico: Pedro Mancilla y Guillermo Salas. La presentación del mismo la hace el cineasta Jacobo Penzo. Forman parte de esta publicación ensayos, testimonios y reflexiones de personas vinculadas a la cinematografía nacional; así, como figuras notables en la literatura y el arte de nuestro nuestro país. Por otra parte, observamos en sus páginas importantes reproducciones fotográficas alusivas a películas, actores y actrices; carteles cinematográficos; archivos fílmicos, entre otros; los cuales, reflejan trayectorias y experiencias inherentes al desarrollo y evolución del cine venezolano en sus diversas manifestaciones. 

Sobre la historia de la Cinemateca Nacional de Venezuela, consideramos indispensable la lectura del siguiente párrafo escrito por la fundadora de la referida institución, la reconocida cineasta Margot Benacerraf, allí nos dice lo siguiente:

La Cinemateca Nacional fue un acto de creación, así como pintar un cuadro, escribir un poema o rodar una película. Más intenso aún, porque la obra plástica acaba, mientras que una institución crece, sebifurca… El 4 de mayo de 1966 se inauguró la cinemateca. Siempre digo que la fundé como una cinemateca poco ortodoxa. Teníamos que llenar el  vacío que existía. La cinemateca tenía que ser ante todo la casa del cine, la de los cinéfilos y la de todos los amantes de este arte del siglo XX… Por otra parte, esta cinemateca tenía además una clara intención pedagógica, de formación y orientación… Efectivamente, el cine es como la gigantesca memoria del mundo y el gigantesco contar del mundo.        

Leemos entonces en las páginas introductorias de esta obra:

La Cinemateca Nacional de Venezuela en sus 34 años de incansable actividad se ha transformado en baluarte del imaginario audiovisual de Venezuela. Esa comunicación de la memoria colectiva del país, consigo misma, y con el futuro, ha sido fruto de la acuciosa investigación de los orígenes de nuestra cinematografía, de la dedicada pesquisa de archivos audiovisuales en vías de desaparición…La Cinemateca también ha permitido el diálogo de nuestros espectadores y cineastas con el gran cine mundial.

Asimismo, leemos también en la presentación de esta obra las emotivas palabras del cineasta Jacobo Penzo, cuando nos dice:

Amantes refugiados en salas oscuras, rebeldías compartidas, revelaciones al borde de una mesa de café después de una proyección… Las cinematecas guardan esa pasión por las emulsiones y las devastadoras consecuencias de la base de nitrato un oculto corazón insurgente, anárquico, amante del desorden porque no hay nada más inflamable en su ambigüedad que la imagen fílmica.

Y así, seguimos pasando las páginas de este Elogio del ícono y nos encontramos con los siguientes textos o ensayos:  

Presentación por Jacobo Penzo; Cinematecas: un acto de resistencia contra el olvido por Héctor Concari; Memorias de un acto de creación. Testimonio de Margot Benacerraf; Sentido de una cinemateca por Margot Benacerraf; Al público venezolano por Henri Langlois; De archivos, degradaciones y preservación fílmica por Oscar Garbusi; Elogio del ícono por Antonio Pasquali; La Cinemateca Nacional: su presencia invisible por María Fernanda Palacios; Una pantalla providencial por Salvador Garmendia; Una pasión silenciosa por Oscar Marcano; ¿Hacia una cinematografía sin películas? por Daniel Goldschlager; y, en otras páginas, Cronología por José Miguel Acosta.

Leer este libro es como encontrarse de pronto en una sala de cine, y a la medida que vamos leyendo testimonios, opiniones y reflexiones; también vamos escuchando las voces de aquellos apasionados y amantes del arte cinematográfico, que han dejado una huella inextinguible en la historia del cine; así como en la literatura y las artes de nuestro país. Escuchemos entonces algunas de esas voces que, entre las butacas de asiduos espectadores y pantallas de inolvidables historias contadas, se hacen escuchar en susurros de palabras escritas en este libro:

Henri Langlois: El arte cinematográfico es un arte plástico, un arte visual, y es por eso que la comprensión de sus obras viene más de nuestra sensibilidad que de nuestra razón.

Oscar Garbisu: Las cinematecas guardan películas de la misma manera que las bibliotecas guardan libros, para permitir, su difusión.

María Fernanda Palacios: Cuando hago memoria La Cinemateca Nacional se evapora y en su lugar queda flotando nada más que una afición: un sentimiento que se orientó hacia el cine y allí se fijó…De vuelta al presente, envuelta en esa memoria, la institución se separa del aparato cultural, pierde sus contornos administrativos y se me ofrece, ante nada, como un lugar. Digo lugar como quien dice paisaje, que para mí es sinónimo de cultura.

Carlos Azpùrua: En La Cinemateca Nacional descubrí la magia del cine que se convirtió para mí en una razón para vivir y soñar.

Thaelman Urgelles: Yo tomé la decisión de ser cineasta sentado en las butacas de la Cinemateca. Era tan fanático que veía hasta dos películas diarias. La Cinemateca se convirtió en mi primera escuela de cine.

Román Chalbaud: En un mundo donde desgraciadamente los medios de comunicación están al servicio de lo violento y lo banal, una cinemateca es un oasis en el desierto. Rodolfo Izaguirre: Es gracias a La Cinemateca que nosotros los venezolanos hemos podido estar no de espaldas al mundo cinematográfico sino incorporados a él.  La Cinemateca siempre ha sido una ventana abierta al mundo y fue para mí una pasión personal durante veinte años de intenso trabajo.

Fernando Rodrìguez: ¿La cinemateca?…Una puerta que es de otro mundo. Poblado de sombras que se mueven, que son, paradójicamente, espejos de la vida y simulacros de la eternidad.

Salvador Garmendia: Desde la cabina del proyector, veíamos intrigados el haz de luz que la máquina lanzaba contra la pantalla, conduciendo millones de partículas que se agrietaban en una franja azul. Allí vagaban pulverizadas las imágenes, conmovedoras, jocosas o escalofriantes que tomaban movimiento y significado en la pantalla…

Y así,  entre voces y murmullos, vamos rebobinando la cinta en los carretes de historias y memorias; que hicieron posible la escritura  del libro: Elogio del ícono. El mismo puede ser consultada en el Centro de Documentación de la Cinemateca Nacional de Venezuela y en la Colección Bibliográfica de la Biblioteca Nacional. 

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