3 febrero, 2026
La banalización de la ciencia social

Durante la denominada década perdida, el auge de las concepciones ideológicas neoliberales y posmodernas cobró fuerzas en los principales aparatos ideológicos del Estado. El solipsismo metodológico, el relativismo, la subjetividad, el constructivismo, el darwinismo social, el empirismo ingenuo, etcétera, comenzaron a desplazar todo debate centrado en las ciencias sociales en general y marxista-leninista en particular.

La banalización del discurso científico a partir de las miradas puramente ideológicas llevó a muchas instituciones y universidades, particularmente en América Latina, a legitimar políticas económicas y sociológicas idealistas que, en última instancia, profundizaron el carácter dependiente, deformado e insuficiente de las relaciones de producción dominantes ancladas a la racionalidad de la esfera de la circulación de los centros metropolitanos.

En los años 90, la consecuencia inmediata fue la implantación del pensamiento único como verdadero en detrimento de todo discurso científico a partir de proposiciones socioculturales propias de la historia externa, pero en franco divorcio con la historia interna o lógico-epistemológica de los programas de investigación científica. En el caso de la teoría marxista, fue censurada a partir de bases subjetivas, anulando la discusión de carácter científico social; por ejemplo, los grandes descubrimientos y reflexiones, realizados por la Academia de Ciencias de la URSS, fueron considerados obsoletos.

En los albores del siglo XXI, las concepciones idealistas aún levantan sus banderas, no solo a favor de los gobiernos de derecha, sino también promoviendo y asesorando gobiernos de izquierda sobre la base de concepciones antimarxistas en pro de un socialismo utópico, como si la política económica dependiera exclusivamente de valores culturales y no de las propias leyes de la economía, que son histórico-sociales; por esta razón, el mandatario chino, Xi Jinping, subrayó que “la base de la economía política de China solo puede ser una economía política marxista y no basarse en otras teorías económicas”, según reseñó la revista bimestral de teoría política Qiushi.

En suma, retomar el estudio de las obras de Marx, Engels y Lenin, además de las grandes producciones teóricas marxistas de la URSS y de algunos institutos de investigaciones latinoamericanos y, en especial, venezolanos, estriba en una labor revolucionaria inaplazable.

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