No se puede silenciar el pasado
Siempre es bueno recordar a Eduardo Galeano y, con su recuerdo, no olvidar el pasado histórico y traerlo a la memoria “para liberarnos de sus maldiciones, no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas”. En pocas palabras: el pasado hay que recordarlo, necesariamente, para “liberarnos de sus maldiciones”, porque hay momentos de “noche y niebla” en esa carga de historia que lleva el hombre, muy difícil de ignorar y mucho menos enterrar. Les cuento que hablar de “noche y niebla” es citarnos con un momento de horror como el que sufrió el pueblo venezolano el 3 de enero de este año, con sus consecuencias y “daños colaterales”, al margen de derechos y garantías de un ordenamiento jurídico internacional, pero a semejanza de la nefasta decisión nazi de hacer prisioneros a los que hicieran resistencia en la Europa ocupada para luego matarlos o desaparecerlos, como regularmente desaparece la noche y de la misma forma en que el sol disipa la niebla.
No podemos guardar o enterrar el pasado o eso que llaman “continuo histórico” porque en este país existe la mala costumbre de ocultarlo, como también hay personas que no quieren recordarlo para no delatarse. Así sucedió en Alemania, donde hubo la necesidad de revisar la vida y obra de famosos juristas que habían tenido un papel comprometedor con el nazismo, pero que, posterior a esa barbarie, continuaron desempeñándose como si nada hubiese ocurrido. Se dice que había necesidad de conocer el pasado y superar los misterios con que se ocultó el pasado nazi de esos juristas, cuyas obras más comprometidas desaparecieron de bibliotecas o fueron “encerradas” en los sótanos de las Facultades de Derecho en lo que se llamó el “armario de los venenos”.
En Venezuela se ha pretendido una cultura del olvido, pero nuestros jóvenes de hoy deben saber que venimos de un pasado comprometido con la pobreza extrema y ranchos de cartón; deben saber que a la educación pública en el pasado la convirtieron en educación privada y selectiva, tal como sucedió en Chile con Pinochet; deben saber que Venezuela tiene un pasado de crímenes de lesa humanidad, torturas, muertes y desapariciones de personas, sin dejar de mencionar la Masacre de Cantaura o la crueldad sin nombre en el asesinato de los estudiantes Guerra y Millán allá en Maturín. En fin, no se puede silenciar el pasado.
