3 junio, 2026
Llamemos las cosas por su nombre

Es necesario, en este momento histórico que vive el país, resaltar la importancia del uso del lenguaje para no errar en el discurso. La lengua es la única vía entre lo real, lo acontecido y la construcción que como hablantes hacemos de ello. A esa edificación lingüística le llamamos realidad.

Resalto acá el sufijo “-dad” (cualidad de…), pues será más cercano lo que se diga a “lo que realmente es”, cuando ello tenga propiedad de verdad respecto a lo que efectivamente sucedió. Lo que decimos sobre lo ocurrido puede “enmascararse” (convertirse en “ideología” para Marx) si no usamos los términos adecuados. Si no es así, simplemente no es realidad, es engaño o, peor aún, autoengaño.

A veces es un proceso consciente, por ejemplo, en el caso de periodistas y académicos, para quienes la precisión conceptual (cito a una amiga en esto) es fundamental para la construcción de discursos basados en lo real. Pero también sucede que profesionales de la comunicación e intelectuales, según sus intereses y posiciones políticas, enmascaran sucesos con el uso de términos inadecuados, en resumen, que no guardan coherencia con lo real.

Lo peligroso de todo esto es que se abre un abismo entre lo que sucedió y lo que la gente dice sobre ello. Pero más riesgoso aún resulta que esa realidad virtual se instala en las mentes de los hablantes, cuando en el fondo no hay cualidad de real en lo dicho y en lo pensado.

Enmascarar lo real con palabras que no se adecúan a lo acontecido, para otros o para nosotros mismos, es el objetivo fundamental de la llamada guerra cognitiva. Y esto se convierte en un triunfo del enemigo si todos terminamos creyendo que esa realidad aparente es lo real.

La única forma de combatir esto es enunciando o describiendo los acontecimientos con las palabras adecuadas. Ante lo que pasó esa terrorífica madrugada del 3 de enero, no podemos seguir hablando de operación quirúrgica de EEUU cuando se trató de un ataque terrorista; como tampoco podemos seguir llamando extracción al secuestro de la pareja presidencial. Mucho menos podemos hablar de guerra contra el narcotráfico cuando estamos ante un intento violento de apropiación por la fuerza de nuestros recursos naturales.

Como se dice en buen venezolano, ahora más que nunca, debemos llamar las cosas por su nombre. Eso, en sí, ya es un acto de resistencia y lucha.

IG: @ajunez_profesor

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