13 enero, 2026

Hjalmar Jesús Gibelli Gómez | ¡Evítalos! 7 errores críticos que la mayoría comete al asegurar su patrimonio

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DAT.- Contratar una póliza de seguro, ya sea para proteger un automóvil, una vivienda o la salud familiar, se percibe a menudo como una tarea tediosa y compleja. Esta percepción, sumada a la prisa o la falta de conocimiento especializado, desencadena una serie de fallos que pueden resultar catastróficos al momento de enfrentar un siniestro. Cuando ocurre el evento inesperado, el asegurado descubre con frustración que la cobertura que creía tener es insuficiente o, peor aún, que su póliza ha quedado invalidada por completo.

Explica Hjalmar Jesús Gibelli Gómez que la industria aseguradora maneja una terminología específica y procesos detallados que requieren máxima atención. No obstante, al centrarse únicamente en el costo de la prima, los consumidores desvían su enfoque del verdadero valor del producto: la protección integral. Analistas del sector han identificado un patrón recurrente de descuidos que se repite en la mayoría de las transacciones, comprometiendo la tranquilidad financiera que el seguro promete.

La peligrosa omisión de detalles fundamentales

Uno de los errores más difundidos es, sin duda, la selección impulsada exclusivamente por el precio. Muchas personas buscan la opción más económica sin realizar un análisis exhaustivo de las coberturas. Una prima baja casi siempre se traduce en protecciones limitadas, exclusiones abundantes y deducibles elevados que, en caso de un gran incidente, obligan al asegurado a desembolsar grandes cantidades de su propio capital. Comparar coberturas, límites y condiciones es un paso ineludible que garantiza la idoneidad del contrato.

Otro fallo de gravedad es ignorar la obligación de la buena fe. Se refiere a la omisión o falseamiento de datos relevantes en el cuestionario inicial, como condiciones médicas preexistentes, historial de siniestros o el uso real de un bien asegurado. Si la aseguradora descubre que el tomador actuó con dolo o negligencia al facilitar la información, el contrato puede ser rescindido, y cualquier reclamación posterior será denegada de forma inmediata, perdiéndose así todo el dinero invertido en primas.

Tampoco se puede dejar de lado el error de no leer la letra pequeña ni las exclusiones. La póliza es un documento legal que estipula derechos y obligaciones, y es ahí donde se encuentran cláusulas cruciales, como los periodos de carencia o los eventos que la compañía jamás cubrirá (como daños causados por terrorismo, fenómenos naturales específicos o falta de mantenimiento). Asumir que «todo está cubierto» sin revisar estas secciones es una apuesta arriesgada que casi siempre se paga caro.

La gestión incorrecta del valor y el tiempo

La incorrecta valoración de los bienes asegurados constituye otro punto crítico: el infraseguro y el sobreseguro. El infraseguro ocurre cuando se asigna a una propiedad (por ejemplo, una vivienda) un valor inferior al de su coste de reposición real. Si la casa se quema, la aseguradora aplicará la regla de la proporción, indemnizando solo la parte proporcional asegurada, dejando al propietario con una diferencia económica significativa que debe cubrir él mismo. Por el contrario, el sobreseguro hace pagar primas excesivas por una suma que nunca se podrá cobrar.

Un error que se extiende a lo largo del tiempo es olvidar actualizar la póliza regularmente. La vida cambia de manera constante; se adquieren nuevos activos valiosos, se realizan reformas en el hogar o se cambia el domicilio y el estado civil. Estos cambios alteran el nivel de riesgo. Una póliza que no se actualiza queda obsoleta y puede resultar insuficiente en el momento clave, ya que la aseguradora basa su cobertura en la situación declarada inicialmente. Es recomendable revisar el contrato, al menos, una vez al año, o después de cualquier evento vital relevante.

Finalmente, el sexto y séptimo error son, respectivamente, desconocer los deducibles y franquicias y no analizar las necesidades específicas. El deducible es el monto que el asegurado debe asumir antes de que la cobertura se active. Elegir un deducible bajo implica primas más altas, y viceversa. Entender este equilibrio es esencial para la gestión financiera. De igual forma, contratar una póliza sin analizar si se necesita un seguro de vida a término en lugar de uno ordinario, o un seguro de salud con libre elección de médico en lugar de uno con cuadro concertado, representa una falta de diligencia que compromete la efectividad de la protección. La elección debe ser personalizada.

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El seguro, correctamente contratado, actúa como un escudo financiero robusto frente a la adversidad. Entender estos fallos es el primer paso para transformarse de un asegurado pasivo a un gestor de riesgos informado que protege su capital con precisión.

(Con información de Hjalmar Jesús Gibelli Gómez)