20 marzo, 2026

Héctor Andrés Obregón Pérez | Tipos de interés negativos: ¿Por qué el banco cobra por guardar dinero?

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DAT.- La noción tradicional de las finanzas establece que el dinero depositado o prestado genera una rentabilidad, conocida como tipo de interés. Este concepto, que ha sido el pilar del sistema bancario durante siglos, se invierte por completo con la aplicación de los tipos de interés negativos. Esta política monetaria no convencional implica que, en lugar de que el prestatario pague al prestamista, el prestamista debe pagar por mantener su capital. Se trata de una medida adoptada por los bancos centrales de varias economías desarrolladas, como el Banco Central Europeo (BCE), Japón, Suiza y Suecia, en épocas de debilidad económica, baja inflación o riesgo de deflación.

¿Cómo es posible que los bancos comerciales se vean obligados a pagar por depositar su exceso de liquidez? Explica Héctor Andrés Obregón Pérez que, sencillamente, los bancos centrales establecen una tasa inferior a cero para los depósitos que las entidades financieras privadas mantienen en sus arcas. El propósito de esta estrategia es claro: castigar el ahorro de liquidez y motivar a los bancos a que utilicen ese dinero para el fin primordial de la economía, que es prestarlo, con el objetivo de fomentar el crédito, impulsar la inversión empresarial, estimular el consumo y, crucialmente, elevar la tasa de inflación hasta los niveles deseados.

La mecánica de la expulsión del ahorro

La aplicación de tipos de interés negativos por parte de la autoridad monetaria actúa como un potente catalizador sobre el sistema financiero. Cuando un banco comercial tiene que pagar un pequeño porcentaje por el excedente de reservas que deja en el banco central, se genera un incentivo económico muy fuerte para deshacerse de esa liquidez de manera productiva. Los bancos, para evitar el coste de almacenamiento, tienen dos caminos principales a seguir, ambos beneficiosos para la economía general en el marco de esta política.

El primer camino es flexibilizar las condiciones de los préstamos e hipotecas, bajando los intereses que cobran a empresas y particulares. Esto hace que el endeudamiento sea más accesible y atractivo, lo que a su vez se traduce en un aumento de la demanda de crédito para la compra de viviendas, la inversión en nuevos negocios o el aumento del consumo de los hogares. El segundo camino, aunque menos directo, es la traslación del coste al cliente. Si bien los bancos han sido reacios a cobrar a los pequeños depositantes por miedo a una fuga masiva de efectivo, sí han incrementado las comisiones de mantenimiento o han aplicado tipos negativos a grandes depósitos de empresas e inversores institucionales, forzándolos a buscar alternativas de mayor riesgo y, por lo tanto, mayor rentabilidad.

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Implicaciones y efectos colaterales

Si bien el objetivo principal es reanimar la economía, esta política conlleva una serie de consecuencias complejas. Por un lado, la medida devalúa la moneda al hacer que la rentabilidad de los activos denominados en esa divisa sea menos atractiva para los inversores internacionales, lo cual favorece las exportaciones al hacerlas más baratas en el exterior. Por otro lado, la búsqueda de rentabilidad ante la escasa remuneración de los productos de ahorro tradicionales (como los depósitos a plazo) empuja a los ahorradores e inversores a migrar su capital hacia activos más riesgosos, como la renta variable o el mercado de acciones, lo cual puede generar burbujas de activos.

Sin embargo, el efecto sobre las familias y la banca puede ser ambivalente. La baja rentabilidad sostenida durante mucho tiempo puede provocar lo que se conoce como el «efecto reverso» del ahorro, donde, ante el miedo a no alcanzar sus objetivos de capital, las familias terminan ahorrando más dinero en lugar de gastarlo, contrarrestando el efecto deseado. Además, la persistencia de los tipos negativos erosiona la rentabilidad de la propia banca, obligándola a aumentar comisiones y dificultando la sostenibilidad a largo plazo de modelos de negocio dependientes de los márgenes de interés. Los tipos de interés negativos son, por ende, una medicina económica potente, reservada para circunstancias extraordinarias de estancamiento o deflación, y su éxito siempre depende de que las empresas y consumidores respondan al incentivo endeudándose e invirtiendo.

(Con información de Héctor Andrés Obregón Pérez)