Terrorismo ucraniano contra objetivos civiles rusos
Ante sus constantes derrotas en el frente militar del Donbass, el régimen de Kiev, fiel a su ideología nazifascista, responde con ataques militares contra objetivos civiles rusos. El día viernes 9 de enero atacó con misiles indiscriminadamente blancos civiles contra la ciudad de Belgorod, y el sábado hizo la mismo con drones contra la ciudad de Vorónezh. Según el medio ruso dailystorm.ru, el ataque con misiles contra una instalación de infraestructura civil en la región de Bélgorod, dejó a más de 550.000 residentes sin calefacción ni electricidad en pleno invierno. Casi 200.000 personas carecen de agua y alcantarillado.
A su vez, el régimen de Kiev ha llevado a cabo la noche del sábado 10 de enero un ataque masivo con drones contra la ciudad rusa de Vorónezh. Los aparatos impactaron contra edificios residenciales y provocaron destrozos en la urbe. En uno de los edificios afectados, la explosión tras el impacto provocó daños en 5 apartamentos, reporta el canal de Telegram Baza. Al menos 4 personas resultaron heridas. La caída de los restos y los drones derribados dañó los cristales y las fachadas de un total de tres edificios residenciales y uno en construcción. Estos son ataques de odio que no pueden revertir las derrotas militares. Las tropas rusas avanzan y liberaron la localidad de Belogorie, en la región de Zaporozhie.
Se reporta un saldo, en el mismo período de tiempo de unas 1.330 bajas militares ucranianas. De igual forma, las FFAA rusas asestaron golpes contra una empresa militar productora de drones, instalaciones de energía e infraestructura de transporte utilizadas en interés de las FFAA de Ucrania. Este fue el resultado del lanzamiento del poderoso misil Orechnik en represalia por el pasado ataque contra la residencia del presidente ruso en Nóvgorod. A pesar de ese terrorismo, el régimen de Kiev no puede impedir su derrota estratégica.
Esta situación, más el rumbo de EEUU contra el derecho internacional, la agresión contra Venezuela, y el propósito de anexarse Groenlandia, está determinando un cambio importante; el nacimiento de una creciente tendencia en Europa que llama a un diálogo con Rusia. En Occidente ya muchos entienden que la rusofobia es un callejón sin salida.
