18 abril, 2026
Trump pone su sello a la vieja Doctrina Monroe

Después de varios meses de asedio contra nuestro país, en el que ha impuesto un feroz bloqueo en nuestras costas, intimidado a las líneas aéreas y ha asaltado buques petroleros, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó a comienzos de este diciembre su propio “corolario” (“conclusión o desenlace inevitable,” según el diccionario) de la doctrina Monroe, como parte de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, con una perspectiva que no oculta sus planes hegemónicos en los que siempre ha considerado su “patio trasero”, América Latina.

En este corolario, el mandatario esgrime con absoluta claridad sus planes hacia nuestra región —en los cuales, como ya se ha observado, el primer objetivo geoestratégico es Venezuela— sentenciando, entre otras cosas, que “desde que asumí el cargo, he llevado a cabo una política agresiva que da prioridad a Estados Unidos y aboga por la paz mediante la fuerza. Hemos restablecido el acceso privilegiado de Estados Unidos al canal de Panamá. Estamos restableciendo el dominio marítimo estadounidense. Estamos poniendo fin a las prácticas contrarias al mercado en los sectores de la cadena de suministro internacional y la logística”.

Bajo su gastado discurso del supuesto combate contra las drogas y “la invasión de inmigrantes ilegales”, recuerda sus pactos “comerciales históricos” con varios países cuyos gobernantes son sumisos y suelta: “Revitalizada por mi corolario Trump, la doctrina Monroe sigue viva, y el liderazgo estadounidense está de vuelta, más fuerte que nunca”.

No deja dudas de que, más que “revitalizada”, la doctrina Monroe está siendo ahora todavía más radical.

Nueva interpretación.

En un artículo publicado en RT el 11 de diciembre titulado “¿Qué pasará en América Latina con la nueva doctrina de Trump?“, el sociólogo venezolano Ociel Alí López sostiene que esa estrategia “despeja las dudas sobre la estratagema que está desarrollando EEUU no solo hacia América Latina sino hacia el mundo, y arma, como un rompecabezas, diversas maniobras que podrían parecer aisladas”, así “permite comprender que las operaciones llevadas a cabo por la administración Trump, desde las arancelarias hasta la campaña ‘Lanza del Sur’ en el Caribe, pasando por su postura sobre Ucrania y la ‘paz en Gaza’, obedecen a un plan ordenado y no a las rabietas u opiniones del líder de turno”.

El analista agrega que “se trata de un giro geoestratégico que vuelve a poner a América Latina y a la doctrina Monroe, con el ahora llamado ‘corolario Trump’ en el centro de las preocupaciones de Washington, después de varias décadas en las que optó por convivir con gobiernos de izquierda de la región y múltiples acuerdos comerciales de casi todos los países con China”.

López subraya que luego de derrotas en Afganistán, Irak y Somalia, se “sincera el papel que EEUU está realmente ocupando en la actualidad y el que efectivamente puede instalar en el mundo” y que en su nueva postura “obliga a un traslado del foco hacia su ‘patio trasero’, el cual, según el documento y las últimas decisiones arancelarias y desplazamientos militares, viene a ‘cultivarlo’ por medio de diferentes formas: no solo con la amenaza bélica, sino con una diversidad de opciones comerciales, diplomáticas y políticas, con el principal objetivo de desplazar a China y a otros países de la región”.

El sociólogo remarca que falta saber cómo podrán ser efectivas esas tácticas.

El “América para los americanos” del siglo XIX

James Monroe.

823, el presidente estadounidense James Monroe, en su discurso ante el Congreso, con una frase marcó la ruta expansionista que Estados Unidos transitaría en adelante: “América para los americanos”.

Si bien el discurso lo escribió John Quincy Adams, en esa sentencia se trazó el rumbo con pretensiones hegemónicas del naciente imperio, que apenas 40 años antes había logrado su independencia de Inglaterra.

“La franqueza y las relaciones de amistades existentes entre los Estados Unidos y esas potencias nos obligan a declarar que consideramos peligrosa para nuestra paz y seguridad toda tentativa por parte de ellas para extender su sistema a una porción cualquiera de este hemisferio”, expresó Monroe ese día.

Si bien se refería a la santa alianza conformada por la Rusia cristiana, Austria católica y Prusia protestante, el mandatario delineaba la “concepción del mundo que predomina entre las élites y lamentablemente también entre el pueblo de Estados Unidos”, explicó José Gregorio Linares, autor del libro Bolivarianismo versus monroísmo, en una entrevista que le hicimos hace meses para Últimas Noticias. Ahí destacaba cuatro contenidos: el racismo, la visión expansionista, la sed de riquezas y el fundamentalismo religioso.

Roosevelt impuso la política del gran garrote

Theodore Rooselvelt.

El corolario de Donald Trump no fue el primero en el cual se planteaba la política exterior estadounidense dándole una mayor extensión a la doctrina de James Monroe formulada en 1823.

En diciembre de 1904, el entonces presidente de ese país, Theodore Rooselvelt, en su discurso sobre el Estado de la Unión dirigido al Congreso, remarcó el supuesto derecho de intervenir en cualquier país de América Latina para “mantener la estabilidad y el orden” en el hemisferio.

Aunque la excusa fue responder al bloqueo que Alemania, Inglaterra e Italia impusieron sobre las costas venezolanas, en realidad reafirmaba sus intenciones de convertirse en suerte de “policía internacional” en la región.

Ese corolario llegó con la política del “gran garrote” (big stick) , originada del proverbio africano “habla suavemente y lleva un gran garrote” y su primera expresión fue en 1905, cuando tomó las aduanas de República Dominicana para pagar a los acreedores extranjeros. Luego serviría como basamento “legal” para ejecutar acciones en Nicaragua, Haití y Cuba, siempre en función de sus propios intereses y no de los de estos países. En síntesis, tanto el de Rooselvelt como el de Trump son solo para justificar sus intervenciones en las naciones del hemisferio.

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