17 abril, 2026
Las fiestas y la salud

Cuando pensamos en Navidad, la imagen cultural predominante es la de rostros sonrientes, mesas abundantes, sensación persistente de dicha y paz, aun cuando prevalezcan otros sentimientos.

Uno de los principales factores de estrés en la Navidad es la presión social de “ser feliz” y la expectativa tácita de estar alegre, sociable y agradecido. La Navidad se convierte en un lente de aumento que magnifica lo que tenemos, pero igual hace con lo que nos falta.

Muchas veces, nuestro estado interno de tristeza, ansiedad o cansancio no coincide con las expectativas externas de alegría y fiestas, produciendo en nosotros lo que se conoce como disonancia cognoscitiva y generando culpa.

Las personas pueden sentir que hay algo mal, cuando la realidad es que lo normal es que no estemos alegres y festivos todo el tiempo. La alegría forzada suele ser agotadora mentalmente.

Para quienes han perdido un ser querido, la Navidad puede ser un recordatorio del tiempo que ha pasado sin esa persona. Muchas veces las tradiciones familiares subrayan esa ausencia, reactivando el duelo.

Para algunos, la reunión familiar implica volver a ambientes tóxicos, enfrentar conflictos no resueltos o asumir roles ya superados. Asimismo, la comercialización hace asociar la Navidad con gastos y regalos, aumentando la ansiedad.

Debemos asumir que esta es solo una fecha en el calendario; es bueno recordar que nuestra salud mental es más importante.

Ver fuente