La planta insolente

El banquero venezolano Manuel Antonio Matos Páez Tinoco era el hombre elegido por Estados Unidos para defender sus intereses. Podía derrotar a Castro, un político al que los gringos le tenían ojeriza. Matos hizo tratos y negocios con la New York & Bermudez Company para asfaltar las calles de Nueva York con petróleo venezolano sin regalías ni controles del Estado y con beneficios que solo satisfacían a sus amos del norte y a su propio peculio. Esta empresa era una corporación explotadora del Guanoco en el estado Sucre, el lago de asfalto más grande del mundo, desde el mandato del presidente Guzmán Blanco. Esta firma neoyorkina contactó a Manuel Antonio Matos para poner en marcha un plan que le permitiera a las corporaciones multinacionales y a la élite financiera tomar el poder del país.
Durante los primeros meses de 1902, Matos recorrió las costas del país para desembarcar municiones, armamentos y creó una red de abastecimiento para el ejército contrarrevolucionario que se estaba reuniendo con el objetivo de enfrentar al Gobierno. En noviembre de 1902, soldados se reunieron en Villa de Cura, cerca de La Victoria, estado Aragua, para la confrontación y así tomar Caracas. Matos Páez Tinoco negoció y llegó a acuerdos con los cónsules y representantes de las potencias europeas para que estas, con el fin de forzar el pago de las deudas, invadieran el país.
Comenzando diciembre de 1902, varios buques alemanes, británicos e italianos llegaron al Caribe, se acercaron a nuestras costas desde el golfo de Venezuela hasta el delta del Orinoco. No estaban allí para intimidar. Su plan era “cañoneamos primero y cobramos después”. Pero el 9 de diciembre, cuando el Gobierno revolucionario de Castro, junto al pueblo, se disponía a celebrar no solo la Navidad, sino los 78 años de la batalla de Ayacucho, catorce barcos de la armada inglesa y alemana, actuando en operación conjunta, atacaron el puerto de La Guaira, bloqueando las costas venezolanas.
Castro escribió al pueblo: “Venezolanos, el sol de Carabobo vuelve a iluminar los horizontes de la Patria y de sus resplandores surgirán temeridades como la de las Queseras del Medio, sacrificios como el de Ricaurte, asombros como el de Pantano de Vargas, heroísmos como el de Ribas y héroes como los que forman la constelación de nuestra grande epopeya. Hoy, por una feliz coincidencia, conmemoramos la fecha clásica de la gran batalla decisiva de la libertad sudamericana, la batalla de Ayacucho; hagamos votos porque nuevos Sucres vengan a ilustrar las gloriosas páginas de nuestra historia patria”.
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