19 abril, 2026
Roca Tarpeya - Últimas Noticias

“Salimos de la ciudad, cruzando un hermoso puente de hierro echado sobre el Guaire bajo la administración de Guzmán Blanco (…) Más allá del puente, la carretera sube ligeramente rodeando unas colinas a cuyos lados se levantan casas de campo y pequeñas chozas de adobe (…)en las cuales se han establecido pulperías. Una de ellas tiene un rótulo ambicioso: ‘La roca Tarpeya’…”. Así nos los apunta Jenny de Tallenay en uno de sus descriptivos pasajes de sus Recuerdos de Venezuela (1884). Un camino que se interna en una garganta estrecha bordeada de acantilados, un boquete que da paso a las montañas, que llevaba al balneario de la hacienda Palomera de Guillermo Espino (hoy, Las Acacias) y al Cementerio General del Sur y que es señalado con el nombre de Portachuelo.

Esta hoya en el cerro que engalana el margen derecho del Guaire era el único paso –y angosto- entre Caracas a los valles del sur. Un camino árido y agreste que conducía al pueblo foráneo de El Valle, que Guzmán Blanco había ordenado cortar para facilitar la vía a los cortejos fúnebres hacia el camposanto estrenado en 1877. Con la expansión urbana en 1947, se perforaron aún más esas masas rocosas para conectar con la amplia avenida Nueva Granada.

Tarpeya es una historia de traición impulsada por la codicia. Era la hija de Espurio Tarpeyo, el jefe de la ciudadela romana en el Monte Capitolino. Cuando los sabinos, liderados por Tito Tacio, marcharon sobre Roma para vengar el rapto de sus mujeres, la ciudadela era la principal fortificación. Tarpeya se acercó al campamento sabino y ofreció entregarles la fortaleza, a cambio de “lo que llevaban en sus brazos izquierdos”, creyendo que los sabinos le darían sus brazaletes y anillos de oro que solían llevar en esos brazos. Tan pronto como Tarpeya les abrió las puertas de la ciudadela, los sabinos la colmaron, pero no la cubrieron de oro, sino de escudos, quedando aplastada y enterrada bajo el peso de las metálicas rodelas. Su cuerpo fue arrojado desde la cima de la colina, que desde entonces se conoce como la Roca Tarpeya.

A la postre, este lugar se convirtió en el sitio de ejecución de la Antigua Roma. Esta moraleja sirve como una poderosa advertencia moral: la traición, motivada por la ambición, no es recompensada ni siquiera por los enemigos. ¿Aquel pulpero habría oído esta leyenda?

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