Punto criollo: El caballo y el llanero
Ser «hombre de a caballo» es un componente esencial de la identidad llanera. El llanero es, ante todo, un jinete experto y su destreza sobre el caballo define su prestigio, y ese contacto diario entre el llanero y su caballo forja una relación de confianza y afecto,
en la que el caballo es considerado un amigo fiel y confidente al que el llanero quiere y cuida como parte de su familia.
Ese caballo criollo, que toma forma emblemática en nuestros llanos, es descendiente directo de los caballos de sangre española traídos a nuestro territorio en la época de la conquista y colonia, el mismo que con el correr de los años se convirtió en la extensión del llanero, en su brazo derecho para enfrentar la faena diaria a sabana abierta.
En su evolución, ese “pura sangre ancestral” se convirtió en el caballo criollo venezolano, sumamente fuerte, resistente y adaptable a las duras condiciones del llano. Ese caballo criollo fue un factor determinante en la gesta emancipadora de Venezuela y Colombia en el siglo XIX. Los llaneros, con su dominio del caballo, formaron una caballería incomparable. Su habilidad para luchar a caballo, su rapidez
en el ataque con la lanza y su conocimiento del terreno, hizo del caballo y del llanero una fuerza militar decisiva.
Hoy, el folclor musical venezolano de raíz llanera rinde tributo a ese caballo criollo, en una variada gama de canciones inmortalizadas en distintas voces y agrupaciones en las que el caballo y el llanero son protagonistas de las más increíbles hazañas en la duras faenas del llano, porque para el llanero, el caballo es una prolongación de su
cuerpo y de su identidad. Es el que le permite dominar la vasta e indomable geografía del llano (ríos, esteros, sabanas inundables). Sin él, el trabajo y el desplazamiento serían casi imposibles.
