26 mayo, 2026
¿Le creerán a Elon Musk?

Parece casi imposible dejar de escribir sobre las peripecias del presidente estadounidense, Donald Trump. Sus ocurrencias que rayan en la locura (aunque estoy convencido de que el magnate no tiene ni una pizca de demencia) son terreno fértil para dejar en evidencia el comportamiento universal de la extrema derecha cuando llega al poder en cualquier parte del planeta.

Solamente este fin de semana surgieron dos muestras de lo que, tanto el hombre del copete amarillo, como uno de sus secretarios de gobierno, tiene en sus puritanas y ultraconservadoras mentes. El primer ejemplo ratifica la poca capacidad de empatía (una de las características del sociópata) que ha mostrado Trump con los menos favorecidos y en especial con los que pudieran estar más cerca como lo son todos los tercermundistas que componen el gigantesco arcoíris de migración.

Pero ahora el máximo líder del Partido Republicano apunta las baterías en contra de sus paisanos pobres entre los pobres: los sin casa, los llamados homeless, vecinos de la ciudad de Washington, sí, la misma polis donde se encuentra la Casa Blanca. Trump no los quiere ver ni en pintura. Y tal como hizo en su momento el general Augusto Pinochet en Santiago de Chile, quiere sacarlos de la capital para que, quienes transitan por el centro del imperio, no tengan la desagradable experiencia de ver una de las más crueles máculas del sueño americano.

El mandatario ya dio la orden de desalojo exprés. “Los sintecho tienen que marcharse inmediatamente. Les daremos lugar donde alojarse, pero lejos de la capital”, escribió en su red social Truth.

El otro caso que bien dibuja las posiciones medievales del trumpismo tiene que ver con la propuesta hecha por un pastor integrante de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas que pide derogar el sufragio femenino, postura que fue apoyada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, a través de su cuenta X.

Dos perlitas que seguramente serán copiadas en latitudes donde reina momentáneamente esta versión del fascismo. De seguro Javier Milei las adaptará a su patuque ideológico anárquico libertario. Y en nuestra geografía sería interesante saber ¿qué opina la señora clandestina no de la expulsión de los pobres, pues podemos adivinar su respuesta, sino de la eliminación de los derechos políticos para las integrantes de su género?
alfredo.carquez@gmail.com

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