Masacre del Orinoco: la memoria sigue viva
“Solo se mojaron, vuelven a sonar”, dice la canción «Tin Marín» de Alí Primera, homenaje y memoria dedicada al Grupo Madera de San Agustín del Sur que, junto a jóvenes músicos, actores y promotores culturales de los grupos El Chichón de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y Unión Cultural de los Barrios, sufrieron la llamada Tragedia del Orinoco, el 15 de agosto de 1980.
Desde hace 45 años, este relato se ha secado al sol y uno de sus sobrevivientes, Armando Carías, fundador de la famosa agrupación de teatro para niños de la UCV y actual líder de Comunicalle, cuestiona que se le denomine “tragedia” y lo nombra como “homicidio”.
Por mucho tiempo el comunicador ha reiterado que lo acontecido en la barcaza llamada Esther no fue un accidente en las aguas del Orinoco, en el estado Amazonas, sino un atentado y una masacre con el sello de la organización misionera Las Nuevas Tribus y la complicidad del gobierno copeyano presidido por Luis Herrera Campins.
A pocos minutos de zarpar, comenzó a entrar el agua por una portezuela; no había salvavidas y parte del personal militar abandonó primero el barco. Los indígenas rescataron a los sobrevivientes.
Afirma que el suceso debe llamarse “Masacre del Orinoco”, y ese plan deliberado intentó escarmentar violentamente a una avanzada cultural de mensaje identitario y liberador, en una zona marcada por intereses mineros y la injerencia de Nuevas Tribus.
Los responsables políticos fueron absueltos y el propio presidente Herrera Campíns culpó a las víctimas como “jóvenes irresponsables”; no hubo reparación para familias ni garantías para los hijos de los fallecidos.
Desde la llegada del comandante Hugo Chávez a la presidencia, nuestro siglo XXI en Venezuela ha sido muy diferente. Se ha dignificado, respetado y promovido a los artistas y cultores que crean para la vida. Y este hecho histórico, que no debe ser olvidado, es un ejemplo de cómo el poder rancio, hijo del capitalismo, es enemigo de la multiculturalidad, de los promotores del buen vivir de los pueblos.
“Los trabajadores culturales son muy incómodos para los factores de poder económico, porque nosotros llevamos un mensaje de valoración de las raíces de nuestro pueblo”, aseguró Carías.
Hace 25 años comenzó otra siembra, que no debe detenerse en su camino por alcanzar nuevas cosechas. Carías enfatiza que, aunque se han realizado actos conmemorativos, se tiene que desarrollar un juicio histórico y oficial.
Datos del suceso
Murieron 18 personas (11 eran integrantes del Grupo Madera), pasajeros del Esther, barcaza que tenía como objetivo partir desde el puerto Samariapo, y arribar a San Fernando de Atabapo. La gira de los artistas, organizada por la Dirección y Promoción del Consejo Nacional de la Cultura, tenía como finalidad realizar una serie de actividades culturales para las poblaciones indígenas del territorio.
