22 abril, 2026
¿Le creerán a Elon Musk?

Las actuales transformaciones de la economía global, marcadas por la reciente implementación de políticas neoproteccionistas por parte de la administración estadounidense, hacen pertinente el análisis de un tema de significativa importancia geopolítica para el futuro, cuya relevancia suele ser subestimada por la narrativa dominante.

La guerra arancelaria, de alcance mundial, entre Estados Unidos y China aparenta haber entrado en un periodo de distensión. El cambio en el discurso del Gobierno norteamericano, encumbrados en su postura hegemonista, podría indicar que sus asesores no anticiparon la magnitud del desarrollo económico chino y, crucialmente, el intrincado grado de interconexión que vincula a ambas potencias.

El propio Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, al cierre de abril de 2024, declara que China registró en su portafolio 770,7 miles de millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense, monto que le posiciona como el segundo mayor acreedor de Estados Unidos en términos de tenencia de bonos, precedida por Japón, cuya posesión ascendía a 1,15 billones de dólares.

La política china de burocratización de la producción, procesamiento y exportación de tierras raras, en este contexto, provocó un aumento en sus cotizaciones. Este incremento de precios afectó directamente la eficiencia operativa de los procesos productivos que dependen de estos elementos, elevó los costos de insumos y, en última instancia, perjudicó la competitividad de la economía de los Estados Unidos, altamente dependiente de estas materias primas para su sector tecnológico y manufacturero.

Esta influencia se sustenta en el control que ejerce China sobre el mercado global de tierras raras —el país asiático domina 70% de la producción mundial y alberga 80% de las reservas conocidas, equivalentes a 44 millones de toneladas— según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, por lo que se ha consolidado como el principal poseedor de estas valiosas materias primas.

Así, la aplicación de políticas neoproteccionistas ha derivado, hasta el momento, en un clima de tensión con efectos adversos para la economía mundial. La de los Estados Unidos ha sido una de las más afectadas. Por otro lado, este escenario ha revelado la resiliencia y el notable progreso del modelo de socialismo con características chinas, cuya fortaleza ha sido subestimada por el establishment norteamericano.

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