La vera cruz caraqueña – Últimas Noticias
i pensaba que la calumnia es una conducta de nuestros tiempos, esta siempre ha existido desde tiempos inmemoriales. Acusar maliciosamente a alguien o algo tiene la intención aviesa de causar daño, en la que bajo un pretendido sarcasmo se difunde hechos falsos o, peor aún, salpicados de alguna verdad, donde se profiere más perjuicio que una soberana mentira. Hogaño, en el universo 2.0, los embustes se esparcen con mayor rapidez cual virus, y en ocasiones, tras seudónimos o anónimos.
La reliquia de la cruz es el más estimable tesoro de la cristiandad entre los instrumentos de la pasión de Jesucristo. Numerosos relatos describen cómo santa Elena, madre de Constantino, habría descubierto la verdadera cruz en Jerusalén. Uno de los más antiguos es el de san Ambrosio (año 395), de acuerdo con el cual la santa halló el madero y los clavos en una cisterna del monte Gólgota, que describirá luego Santiago de la Vorágine en La leyenda dorada. Las reliquias habrían sido entonces trasladadas hasta Constantinopla, donde el obispo Makarios de Jerusalén las presentó al pueblo, consagrando la iglesia de la Resurrección.
Desde el siglo XVI corría un rumor que si se juntaran todos los trozos del lignum crucis que hay en el mundo podrían formar el cargamento de un barco, lo que se convirtió en lugar común para restarle valor a la tradición cristiana de la sagrada reliquia. Esa conseja se la debemos al teólogo protestante francés Juan Calvino. Cálculos recientes han determinado que la cruz de la pasión tendría una medida de 3 metros por 1,80, cuyo ancho y espesor sería cerca de 12 y 5 cm, que suman unos 36.000 cm³. Al unir el volumen de todos los cabos conocidos superiores a un cm³ se llega a duras penas a 4.000 cm³, es decir, un poco más de 10% del volumen total de la cruz.
De los fragmentos más importantes que existen, y considerados auténticos, la mayoría se encuentran en Roma, Venecia y en el monasterio cantábrico de santo Toribio de Liébana. Refiere Carlos Duarte que el capitán general Martín de Roble y Viñafane obsequió a la iglesia de la Inmaculada Concepción (san Francisco de Caracas), el día de Santiago de 1654, un costoso relicario de oro con una partícula de la Santísima Cruz, hurtado en 1774. Lo que el rumor no pudo afectar, sí lo hizo la ponzoña de la codicia humana.
