19 abril, 2026
El cacareo de un gallo trajo discordia a comunidad

n un conjunto residencial ubicado en Sabana Grande, un gallo condujo a una comunidad a estar envuelta en una inesperada controversia que puso a prueba la convivencia de sus habitantes. El simpático animal se convirtió en el epicentro de un conflicto que amenazaba con escalar.

Miguel Suárez, primer oficial del Cuerpo de la Policía Nacional Bolivariana y coordinador del Servicio de Policía Comunal de la parroquia El Recreo, aseguró a Últimas Noticias que todo comenzó cuando los conserjes del edificio habían acogido al gallo desde que era un pollito, y lo dejaban pernoctar en las áreas comunes.

Sin embargo, a medida que el ave crecía, su canto se volvía un incesante cacareo que perturbaba la tranquilidad de los residentes. Por esta razón, una de las habitantes del edificio se dirigió a la sede de la sala de resolución de conflictos vecinales, donde expuso la problemática.

La mujer, que vivía justo enfrente de donde se encontraba el gallo, contó a los policías que empezaron a sentir los efectos de esa “música” a toda hora: medianoche, 1:00 am, 3:00 am, y así sucesivamente. Por lo tanto, ella y su familia no podían dormir de forma placentera, ya que el animal los despertaba. La serenidad de la noche se volvió un estrés continuo, y la paciencia comenzó a agotarse.

La afectada, tras varios intentos de lidiar con la situación de manera amistosa, decidió seguir los canales formales debido a que la respuesta que recibía por parte de los demandados no la satisfizo. Se dirigió al condominio para presentar su queja, y argumentó que la presencia del gallo violaba las normas de convivencia del edificio. Aseguró que, si bien no es un equipo de sonido ni un vecino ruidoso, el gallo, que no entiende de horarios, se volvió una molestia constante.

La situación escaló rápidamente. Las conversaciones eran tensas y llegaron a los gritos. La convivencia, el respeto y tolerancia entre los copropietarios del conjunto residencial estaban en peligro. En medio de este caos, los funcionarios del Servicio de Policía Comunal convocaron a una reunión para mediar entre las partes.

Mediación

El día y hora fijados en la boleta de citación, se encontraron en la oficina de mediaciones de la parroquia caraqueña, donde el primer oficial Suárez participó como mediador. Antes de iniciar con los testimonios, el encargado de la sala realizó una dinámica rompehielo que les permitiría a los involucrados sentirse en confianza.

Posteriormente, cada uno expuso su punto de vista. La perjudicada tomó la palabra recordando la razón de su denuncia. Acotó que, aunque intentó mediar con los dueños del gallo, estos hicieron caso omiso de su queja.

Por su parte, uno de los conserjes admitió que el animal había estado allí durante ocho meses, pero aseguró que antes no hacía ruido. No obstante, su naturaleza había cambiado; ya no era un polluelo, sino un gallo adulto y, en consecuencia, su comportamiento era diferente.

Tras una discusión constructiva y la intervención de los mediadores, se llegó a una solución: el gallo sería reubicado. No se trataba de sacrificarlo ni de deshacerse de él de manera drástica; simplemente necesitaba un nuevo hogar donde pudiera cacarear sin perturbar la paz de los vecinos. El oficial Suárez les dijo que, si deseaban quedarse con él, debían tenerlo dentro del apartamento, pero no podía seguir en las áreas comunes, donde aturdía al resto de los vecinos.

Compromiso

Una vez concretados los puntos del acuerdo, las dos partes firmaron un acta de compromiso en la que quedaron expuestas las realidades del caso. Los demandados asumieron la responsabilidad de la causa que los llevó al conflicto, y se comprometieron con darle un hogar seguro al gallo. Días más tarde, fue llevado a un lugar más apropiado, donde podría vivir libremente sin interrumpir el descanso de quienes solo deseaban disfrutar de su sueño.

Suárez afirmó que la resolución del conflicto fue un recordatorio de que incluso los problemas más simples pueden escalar si no se manejan adecuadamente, por lo que expresó que, tanto la comunicación como el entendimiento mutuo fueron la clave para restaurar la armonía en el conjunto residencial de Sabana Grande.

Normativas

La resolución de este conflicto fue posible gracias a la aplicación de la Ordenanza de Convivencia Ciudadana para el Civismo y la Justicia de Paz Comunal del municipio Libertador de Caracas. En el artículo 13 de la mencionada normativa, se hace referencia a los deberes generales para la convivencia, el civismo y la paz ciudadana, que destaca la conservación del orden público “evitando disturbios y ruidos molestos”.

Asimismo, se cumple con lo expuesto en el numeral tres del artículo 30 de la ordenanza, que trata sobre los actos contrarios a la convivencia, relacionados con la tenencia de animales domésticos, y define como infracción “tener animales salvajes o no domésticos en áreas o zonas residenciales”.

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