Nicolás Maduro ante la historia
La sonrisa que siempre aflora en nuestras bocas de venezolanos ciertamente ayuda, pero no basta, como tampoco creer que todos los problemas se resuelven por medio de la intervención divina.
Si vemos en retrospectiva la historia de pueblos que a partir de casi cero llegaron a ser grandes, incluso algunos fueron y son imperios, siempre encontraremos planes que antes fueron sueños y disciplina para llevarlos a cabo.
Creo sinceramente que en eso hemos fallado, aunque hemos tenido compatriotas superiores que, empinándose sobre las dificultades, por un rato torcieron la historia. Bolívar fue el pionero desde luego, quien logró primero convencer a los caraqueños para dar el paso al frente de una independencia que lucía imposible dado el tamaño del enemigo momentáneamente débil por la invasión de Napoleón, quien fue otro grande aún cuando finalizó derrotado.
Y luego el Libertador ayudado por Petión, derrotada la primera República que fue ingenua y “aérea” como el mismo Bolívar alguna vez definió, logra integrar a Oriente, más bien a Cumaná, que aunque la historia no guste reseñar, era mucho más rica que Caracas y por ende tendía o a ser sede del poder independentista o independizarse aparte sin dejar pasar la oportunidad, haciéndose, sobre todo, la hermana del general Mariño, “la loca”.
Ante idénticas disyuntivas se encontraron, me parece, el general Páez luego víctima de su propia vanidad, y Juan Vicente Gómez ante la súbita riqueza petrolera que convirtió próspero al pueblo más pobre de la América junto a Haití sancionado desde entonces y el Paraguay que era considerado “mal ejemplo” por la acción a la vez pacificadora y educativa de las misiones jesuitas.
Betancourt y Pérez Jiménez también tuvieron la misma disyuntiva ante unos andinos que, si bien unificaron un país descoyuntado, no querían democracia como ya se entendía en un mundo donde las mujeres tenían derecho junto a los pobres de votar, como aún se hace en Venezuela.
Nicolás Maduro está en la misma posición y hasta peor, porque el imperio es fuerte o hace grandes cambios sobre la base de la experiencia o la conspiración que aplica el plan tipo Siria.
Problemas a vencer: la desunión de un país polarizado para hacernos débiles y el descaro de la vieja oligarquía. El Presidente tiene con qué pero hay que ayudar y él debe dejar que le ayuden.
