¡Emigrar no es un delito!
Como una aberración, una infamia, una moderna forma de esclavitud y violación de los elementales derechos humanos, tienen que ser catalogadas las actuaciones de los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de El Salvador, Nayib Bukele, por el secuestro de los 290 venezolanos detenidos en Norteamérica y encerrados en el Centro de Confinamiento de Terrorismo, ubicado en suelo salvadoreño, acusados de ser delincuentes, sin pruebas.
El presidente Nicolás Maduro rechazó inmediatamente estos hechos e inició las acciones legales para liberar a los connacionales y traerlos a Venezuela.
No solo Maduro ha denunciado y rechazado tales acciones, también lo han hecho otras autoridades a nivel nacional e internacional, entre ellos un juez de Estados Unidos, que prohibió esos vuelos de deportación.
Trump ha sido condenado por evocar la Ley de Enemigos Extranjeros, con una antigüedad de 227 años, para cometer estos atropellos.
Desde Venezuela se han realizado denuncias sobre el lucrativo negocio de la migración inducida, que tiene que ver con las sanciones, bloqueos, ataques a la economía y donde líderes de la extrema derecha han tenido jugosas ganancias y ahora también Bukele, que recibe millones de dólares por retener a estos venezolanos.
¡Emigrar no es un delito, sancionar un país, sí!, era la consigna que se escuchaba en la marcha que en apoyo a los emigrantes se realizó en Caracas y donde tuve la oportunidad de conocer testimonios de algunos de los familiares de los secuestrados, a quienes les digo no están solos en su lucha, Venezuela los apoya.
¡Venceremos!
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