La eterna censura española – Últimas Noticias
Una muestra de cine venezolano fue suspendida esta semana en Madrid por orden de las autoridades locales, hoy en manos de la extrema derecha española. La proyección se llevaría a cabo en la Casa de América y era organizada por la Embajada de Venezuela en el país europeo. Las películas que momentáneamente no pudo apreciar el público madrileño fueron Alí Primera, de Daniel Yegres; Operación Orión, de Rubén Hernández; y La batalla de los puentes, de Carlos Azpúrua.
Estamos ante una muestra evidente del fascismo más recalcitrante que aún perdura y que, sin ningún tipo de reserva o tolerancia, aplica una férrea censura al arte, la información y el conocimiento que no congenian con sus ideales imperialistas de supremacía, exclusión y violencia contra lo diferente o alternativo.
A pesar de que la suspensión fue solicitada por colectivos opositores residentes en Madrid, lo cierto es que eso simplemente sirvió de excusa para que el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, hoy en manos del Partido Popular, ejecutara una censura al mejor estilo de la dictadura franquista (1939-1975), cuando el cine, y las artes en general, sufrieron la más dura prohibición de la historia española.
Eso no quiere decir que eso no ocurrió antes y después de Franco, cuando la Dirección Nacional de Seguridad y la Junta Superior de Censura Cinematográfica ordenaba la edición o prohibición de películas nacionales y extranjeras.
En noviembre de 1977 fueron derogadas las últimas disposiciones que mantenían el control del Estado español sobre la producción cinematográfica. Sin embargo, la censura persistió cuando un particular o ente formalizaba una denuncia, como ocurrió con el sonado caso del filme El crimen de Cuenca de la realizadora madrileña Pilar Miró, en 1980.
Por tal motivo, no es de extrañarse que el cine latinoamericano, contestatario, periférico y antisistema, como es tradición en el arte cinematográfico venezolano, sufra hoy como ayer censura y condena, tanto en los centros de poder hegemónico (EEUU) como en los gobiernos tutelados de Europa, como la decadente y corrupta monarquía española, eclesial y conservadora, que mantiene su afiliación servil con el corrompido desarrollo capitalista neoliberal, hoy reavivado por la irrupción de una extrema derecha, abiertamente fascista, que busca controlar el planeta y coartar la libertad de expresión.
