22 abril, 2026
La coherencia transformadora - Últimas Noticias

A pesar de encontrarse sumergidos entre la agobiante rutina, los desprevenidos viandantes pueden apreciar los estallidos de color de los árboles en flor en la ciudad por estos días. El protagonista por excelencia con su expansión de amarillo intenso es el araguaney, pero hay otra especie que se abre paso entre las tupidas faldas del monarca caraqueño resaltado por sus exuberantes crestas rojas cual gallo de pelea: es el bucare.

Lisandro Alvarado explica que el nombre bucare se da a varios árboles del género Erythrina. Entre las especies más conocidas están el Erythrina glauca, la peonía o árbol de coral Erythrina corallodendron y el bucare ceibo, cámbulo o cachingo Erythrina poeppigiana. Andrés Bello en su Silva a la agricultura de la zona tórrida (1826) poema lírico de las naciones americanas, hace alusión al mismo: “Adorne la ladera/el cafetal; ampare/a la tierra teobroma en la ribera/la sombra maternal de su bucare”.

La Erythrina es del género de la familia de las leguminosas distribuido por regiones tropicales y subtropicales del mundo entero. El nombre genérico deriva del griego que significa “rojo”, refiriéndose al color de las flores de la mayoría de sus especies; también las hay de otros tonos, como el naranja del bucare ceibo o reinoso, árbol regional del estado Trujillo. Se le conoce con otros nombres como anauco, bucare, búcaro, gallito, bucayo y pízamo. Anauco además lleva por nombre una de las quebradas principales que bajan del Waraira Repano, voz que proviene de anaco, palabra tamanaca.

Las copas floridas del bucare se destacan puesto que los árboles llegan a superar los 20 metros de altura y de ahí proviene la expresión “palo florido”, que nos llega de los tiempos coloniales para indicar atributos de un hombre sobresaliente en el vestir, habla, profesión, ocupación o talento propio.

Una larga lista del palabrerío criollo es usada para el término “palo” que adquieren diversos significados según el adjetivo: “palo de hombre”, -aplicado igual a la mujer- (alguien con determinación); superlativos como ¡Qué palo de agua! para referir lluvias torrenciales; usos espirituosos: “tomarse un palo”, “caerse a palos” o su versión diminutiva: “tomarse solo un palito”; o peyorativos: ¡palo abajo! cuando algo o alguien cae en decadencia o desgracia.

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