19 abril, 2026
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Febrero 23, domingo. A la expectativa del cincuentenario del sistema de orquestas. En la misma plaza de la Juventud. Kagemusha, la sombra del guerrero. Akira Kurosawa, al ritmo del quitiplás ondeaba las banderas del San Juan Guaricongo cabeza pelá, el mismo de la duplicidad de Leonardo Da Vinci y sus códigos en Florencia, aquí dando tumbos en manos de nuestras mujeres que lo bailaban en la realidad diluida de nuestro vientre Omérico caribano en decir escrito de nuestro Shakespeare de Saint Lucien, Dereck Walcott. La negra Isadora hizo acto de presencia entre las madames mientras eramos todos, en canto, baile y el séptimo arte conjugación de uno en nuestra bendita, rebelde, combatiente raza cósmica y única conjunción americana, caribeña, en el recuerdo de aquel mazaso contundente a la derecha fascista en el mundo registrada en este reportaje de elevados niveles de nuestra representación mundana en la lucha, desde con piedras y trabucazos caseros y hasta a pecho descubierto camuflados detrás de cualquier parapeto que desviará balas y apagara candelas o candelitas.

Así en la Batalla de los Puentes, una derrota contundente a las pretensiones del imperialismo gringo y los apatridas renegados de nuestro sur sur global disfrazados de ayuda humanitaria. Gritos, cantos y bailes de un pueblo arremolinado haciendo retroceder y venciendo al enemigo sin cuartel y sin piedad. Canto sagrado en la brisa de nuestros mares y en nuestro viaje por el territorio libertario ancestral, Mirandino y bolivariano de la nueva América.

Así la noche dejándole paso en la pantalla callejera a las imágenes una epopeya que nos lanza por derroteros y rumbos de nuestra patria venezolana más en la reciedumbre que nunca, mientras en nuestro módulo de la Galería de Arte Nacional, armábamos nuestro copión del largometraje aprender haciendo Chalboalba tercera eternidad y Beso en la sien.
Cnac. Unearte. Comunaterz. Decolonial y transmoderno. O inventamos o erramos. Simón Rodríguez, maestro de América: “Entre la independencia y la libertad hay un espacio inmenso que sólo con arte se puede recorrer.

¡Viva la patria, carajo!

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