25 abril, 2026
Derrotamos el fascismo - Últimas Noticias

De tanto mencionar Trump su lema de campaña, “hacer nuevamente América grande”, el día anterior a la inauguración, el 47° presidente se topó con quien desde las profundidades teológicas, con dulzura pero con firmeza y valentía, le recordó al bravucón los fundamentos éticos que, aparte del trabajo duro y aprovechar las oportunidades, hicieron de ese país un imperio.

Sucedió en lo que prometía un día perfecto, que aun cuando Trump debe haber violado todos los mandamientos de Moisés, para encajar con el modelo que lo obliga, aparte de ser blanco y anglosajón, que lo es, también a profesar el cristianismo que aquí llamamos protestante.

Y sucede también que es tradición de los presidentes yanquis asistir a un servicio religioso en un pequeño templo vecino a la Casa Blanca. Pero los tiempos cambian aun cuando la valentía de algunas religiosas, sea la misma que en nuestro catolicismo le habrían ganado la candidatura a santa a una mujer obispa llamada Mariann Edgard Budde quien, con voz suave y palabras firmes, le hizo un ruego al todopoderoso presidente que pretende patear la Constitución de los Estados Unidos buscando de punching ball a los débiles.
El sermón de la obispa fue tan profundo como el cañón del Colorado.

En el sermón Mariann le rogó a Trump que tuviese misericordia “con quienes sufren y están asustados”, refiriéndose a jóvenes gays y lesbianas que temen por sus vidas a causa de las políticas y los señalamientos que Trump, buscando polarizar con quienes considera débiles, hizo a lo largo de su campaña contra esta gente.

Recordó el temor que sienten inmigrantes “que trabajan duro, ganan poco, no son delincuentes, tienen familias, son nuestros vecinos y merecen mejor trato”.
La cara de Trump durante el sermón parecía de fastidio y se hundió en la banca mientras Melania veía a los lados.

Al salir Trump descalificó a la obispa diciendo que el sermón era “político”, a pesar de que la obispa aclaró que pedía por demócratas, republicanos, libertarios e independientes que sufren, y por todos pidió clemencia. Pero la obispa no se calló y le contestó a Trump “presidente, lo amo y rezo por usted”.

Bien: Mariann Edgard Budde dijo lo que si yo viviera en USA esperaría de nuestros obispos católicos, de los políticos opositores e incluso de los del Gobierno salvo el Presidente por ser el negociador. ¡Qué pena EGU, qué pena MCM!

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