23 abril, 2026

La búsqueda de significado en la era de la incertidumbre

La búsqueda de significado en la era de la incertidumbre

El ser humano siempre ha tenido una necesidad fundamental de encontrar sentido y propósito en su existencia. Esta búsqueda responde a un anhelo profundo de sentirnos seguros, incluso si esa seguridad es una ilusión. Necesitamos creer que hay un orden invisible e inteligente que subyace a la aparente aleatoriedad de la vida, un orden que podemos interpelar para recibir guía en nuestras decisiones.

Tradicionalmente, las religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islam) han satisfecho esta necesidad al ofrecer dogmas, rituales y estructuras comunitarias sólidas. Sin embargo, en las últimas décadas ha surgido un fenómeno notable: el auge de las prácticas espirituales alternativas y de lo que podríamos llamar una espiritualidad no religiosa. Este movimiento refleja una creciente desafección hacia las religiones tradicionales y un deseo de encontrar una conexión espiritual más personal y menos dogmática.

Entre estas tendencias destaca el ietsismo, un concepto que surge del término holandés “iets” (que significa “algo”). El ietsismo se refiere a la creencia en “algo” trascendente, sin definirlo ni atarse a las estructuras de las religiones organizadas. Esta postura encarna una evolución del pensamiento espiritual en nuestra era digital y globalizada, marcada por el declive de las certezas absolutas.

Vivimos en una época post-secular e hipermoderna, en la que las religiones tradicionales han perdido influencia, pero la necesidad de trascendencia permanece intacta. El ietsismo responde a este vacío: “No creo en el dios de las religiones, pero debe haber algo más”. Esta creencia permite a las personas satisfacer su inclinación natural hacia la búsqueda de patrones y significado en la vida sin las restricciones doctrinales.

Prácticas como el espíritu de la navidad, los oráculos, los ritos paganos o la magia se han vuelto cotidianas entre quienes buscan esta espiritualidad libre, sin experimentar contradicciones. Para muchos, el ietsismo es una alternativa frente a un dios que ha caracterizado a las religiones institucionales y percibido como infantil, promotor de miedo, sectario y culpabilizante.

Además, la era de la información y la globalización han incrementado el consumismo espiritual. Las personas tienen acceso a un vasto repertorio de creencias y rituales que pueden mezclar de manera ecléctica, generando un sincretismo individualista polimórfico y consumista. Esto explica casos como el de un católico que, además de asistir a misa ocasionalmente, practica mindfulness, experimenta con ayunos ayurvédicos, estudia kabala, consulta a un tarotista y asiste a terapias psico-chamánicas con ayahuasca. Hace apenas unas décadas, esta combinación hubiera sido impensable.

Sin embargo, esta mezcla también acarrea riesgos. Muchas técnicas denominadas “alternativas” tienen validez y potencial transformador, pero el consumismo espiritual las asimila y las desvirtúa convirtiéndolas en producto de moda, tipo “usa y descarta”.

El ietsismo también refleja tensiones culturales profundas. Durante siglos, las religiones monoteístas han luchado ferozmente entre sí y contra sincretismos culturales politeístas, como la santería. Ahora, sin embargo, el consumismo está reconfigurando todas estas prácticas, transformándolas en algo intercambiable, comercializable y consumible.

Pero en esta perspectiva es importante no desestimar el ietsismo como una forma de pensamiento menos válida que las religiones estructuradas. Parece una adaptación genuina a un mundo plural y cambiante, donde las respuestas absolutas están en crisis.  Frente a esto la flexibilidad del ietsismo permite a las personas mantener una conexión con lo trascendente mientras navegan por la incertidumbre contemporánea.

En este contexto, las religiones tradicionales enfrentan un desafío mayúsculo. Intentar detener la expansión del ietsismo sería como tratar de contener el curso de un río: la espiritualidad libre seguirá su camino. Es como tratar de detener la risa.

El ietsismo no es simplemente una forma diluida de religiosidad, sino un fenómeno que refleja las tensiones y necesidades de nuestra época. Representa un intento honesto de conectar con lo trascendente en un mundo que ha puesto en crisis las certezas tradicionales. Su existencia subraya que la búsqueda de significado es una constante humana, incluso cuando las formas de esta búsqueda evolucionan con el tiempo.

Además, la persistencia del ietsismo sugiere que, a pesar de los avances científicos y tecnológicos, los seres humanos seguimos anhelando respuestas a las grandes preguntas sobre el sentido de la vida. Este anhelo de conexión con lo sagrado, entendido como respeto, reverencia y equilibrio hacia los sistemas que sostienen la vida, ya no es monopolio de las religiones institucionales.

Lo sagrado está en todas partes si nos detenemos a observar: en los seres vivos, en la naturaleza, en el milagro de nuestra atmósfera, en nuestro propio cuerpo.

Tal vez la verdadera fortaleza del ietsismo radique en su humildad: en reconocer que hay “algo” más allá de nuestra comprensión, sin pretender definirlo completamente.

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