19 abril, 2026
María Gabriela en los calderos de la identidad

María Gabriela Mijares Chirinos reconoce el punto exacto de un sabor al “ojo por ciento”. En ese instante mágico en el que su paladar se enjuaga con un guiso o palpa las motas del cristal azucarado de un dulce criollo, estalla el prodigio amoroso de los sabores y es allí cuando se produce la magia.

Su vocación es la de miles de mujeres venezolanas que desde la trastienda del hogar, es decir, la cocina, han erigido una epopeya silenciosa y singular: alimentar a la familia, lo que en estos años de bloqueo económico y sanciones, ha representado una labor extraordinariamente heroica.

Esa es una de las tareas, la otra la enuncia magistralmente el cronista José Roberto Duque en un texto de reciente hechura, donde explica la trascendencia de los saberes más allá del hecho material de la elaboración del casabe, a propósito de su declaratoria por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: “Una torta de casabe te la comes y ya no es una torta de casabe. A un depósito de casabe lo incendias y ese casabe que había en el depósito quedó destruido. Así que la dimensión material de ese objeto circular hecho con yuca y candela es bastante frágil y efímero. Pero está la información cerebral, corporal y colectiva que vive en los cuerpos de miles de personas en forma de conocimiento y habilidad manual, y que se traduce en cultura (conjunto de prácticas sociales etcétera): eso es lo que hace que el casabe sea parte de la ‘configuración’ más íntima de los pueblos del oriente venezolano, y hace que sea además indestructible”.

Ella lo sabe y lo celebra desde la acción. Además de su llamativa presencia pública de turbante colorido y empinado, delantal naranja y lentes de pasta enormes, milita -coincidiendo con José Roberto- en la conmovedora causa de la gastronomía como hecho cultural. “No se trata de medidas exactas, ingredientes invariables o porciones bonitas. Es la acumulación y el compartir de los saberes ancestrales de nuestras madres y abuelas al mando de los calderos, los cubiertos y la casa”.

En la calle 14 de Los Jardines de El Valle aprendió de su madres los primeros rudimentos del sabor, al prestar atención cuando ésta confeccionaba dulcería criolla para vender y ayudar a sostener el hogar.

Nacida hace 54 años en Caracas, pronto supo paladear golfeados, quesadillas, cachapas, dulce de lechosa, delicada de guayaba, melcocha y todo lo que le fue legando la matriarca a ella y sus hermanos en el arte de la cocina y la dulcería.

Además de emprender como “cocinera” a destajo, hoy lidera la Red de Cultoras Gastronómicas Manos Dulces, con sede en el municipio Zamora del estado Miranda y tentáculos en la Casona Cultural Aquiles Nazoa, donde engalanan la feria artesanal de los fines de semana con mesones plagados de sabores dulces y salados, así como su despliegue en infinidad de encuentros gastronómicos donde el acento lo lleva el legado histórico que le da sentido a la venezolanidad.

María Gabriela es una presencia fija y exótica en los encuentros culturales de la Gran Caracas, hace radio, incursiona en la televisión como su reciente aparición en el reality show Estrellas de la cocina por Televén, desvela “misterios” gastronómicos a través de sus redes sociales (su cuenta en Instagram es @mariagabrielamijareschirinos) y sienta posición sobre el enorme aporte que está dejando al país el proceso de autoreconocimiento identitario logrado gracias a la patrimonialización del casabe y eventualmente de la arepa y la hallaca.

“Estamos viviendo un momento muy importante. Una hallaca es Venezuela envuelta en hojas de plátano, y cada familia refleja en su multisápida lo que han sido sus afectos y recuerdos. Hacer una hallaca es una forma de agradecer esa herencia convertida en receta”.

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